Blockchain: el futuro en un plato de macarrones

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No hace falta saber de física ni entender cómo se transporta la electricidad para enchufar un electrodoméstico a la corriente y hacerlo funcionar. Quién no se ha preguntado alguna vez, antes de subirse a un avión, ¿como puede ser que ese monstruo vuele?, y sin conocer el efecto Venturio, se ha subido y ha volado. Eso no impide que una descarga eléctrica pueda matar, o que ocurran accidentes aéreos. Para contextualizar el blockchain no hace falta ser ingeniero informático para ver las (¿innumerables?) aplicaciones que tendrá esta tecnología en las transacciones económicas y sociales. No hay que ser un técnico, sino que el sistema debe generar la suficiente confianza para que se convierta en masivo. Y eso no significa que no implique riesgos.

Blockchain significa cadena de bloques y es una base de datos descentralizada: los datos no están ubicados en un servidor, sino que se almacenan en los ordenadores de todos sus usuarios activos. Cada acción queda registrada en la cadena, y el consenso de estos usuarios activos, que cobran por mantener viva la red, es el que certifica de que existe el registro. El blockchain permite almacenar, transmitir y confirmar datos de forma segura. Y su primera aplicación son las criptodivisas tokens: todo el mundo habla de bitcoin, pero existen más de mil distintas (ethereum, NEM..). Un token puede ser una unidad de bitcoin, pero también el derecho de propiedad de una vivienda, el pasa­porte de una persona, o una póliza de seguros.

Una ICO permite obtener financiación, pero la mayoría de ‘tokens’ van por servicios futuros

Las empresas están empezando a experimentar el blockchain y lo hacen a través de las ICO (ofertas de moneda inicial, por sus siglas en inglés). Una ICO es una forma de financiarse: las empresas reciben dinero a cambio de emitir tokens propios (como acciones). Pero principalmente van a cuenta de servicios futuros: en este caso, abre la puerta a un universo de nuevas funcionalidades, las aplicaciones que se les dará a estos tokens. Todo es tan reciente y tan técnico, que en algunos casos quizá se mezcle la tecnología con la fe.

La firma de comida rápida Nostrum ha revolucionado el MAB con el anuncio de una ICO. Inmediatamente, la CNMV alertó del riesgo de las criptomonedas. En España no hay regulación, ni normativa alguna sobre blockchain. Por eso PayPro –que está en plena ICO para captar 5 millones–, nació en Barcelona pero se trasladó a Londres y luego a Gibraltar, que está regulando el blockchain. La empresa desarrolla un marketplace para servicios financieros diseñados sobre blockchain. El fundador de Nostrum, Quirze Salomó, acaba de presentar su ICO en el CES de Las Vegas, y continúa el roadshow en San Francisco, Londres o Amsterdam. Salomó asegura que es una de las primeras empresas cotizadas del mundo que se lanza a este universo. Y aún más: Nostrum no es una start-up digital, sino que tiene una cocina industrial y 130 restaurantes (quiere llegar a 800 y ser el concepto europeo alternativo al fast food americano).

Por eso presentan la operación como una ICO 2.0, porque no es sólo digital, sino que está anclada en el mundo real. La ICO está estructurada en Suiza, donde el regulador tiene definidos procedimientos de transparencia y seguridad. Con la emisión de sus denominados meal token, espera captar 50 millones, para acelerar la expansión de franquicias internacionales y hacer crecer el negocio, lo que debería hacer aumentar el valor de los tokens. Y los tokens serán también una herramienta de la operativa interna (permitirán comprar, integrados en la tarjeta de fidelización de clientes). Por eso, hay quien dice que son más “corticoles” (de una tarjeta de fidelización de grandes almacenes) que un producto de inversión.

“Los tokens a cuenta de servicios futuros son como fichas de autos de choque: los compras y los puedes utilizar, y si hay mucha demanda, pueden subir de precio”, explica Andreu Rodríguez Donaire, blockchain lead de Nakima.

Quirze Salomó está inmerso en la evangelización de esta estrategia, pero parece acostumbrado a adelantarse a su tiempo: lo hizo hace veinte años, cuando se le ocurrió que la gente dejaría de cocinar en casa. “Ya hemos pasado antes por eso. Ser empresario es tomar riesgos”, apunta.

Los empresarios van a buscar el dinero allí donde está, y parece claro que ahora está en las criptodivisas. Por ejemplo, corren informaciones de que la red de mensajería instantánea Telegram prepara una ICO, que puede ser la mayor jamás realizada –se habla ya de 500 millones de dólares–. Además de financiar el crecimiento, tener su propia criptodivisa también le permitirá convertir su chat en un sistema de pagos, con enorme potencial, e independiente de cualquier gobierno o banco, explicaba esta semana TechCrunch.

Y también esta semana, Kodak –centenario impulsor de la fotografía, receló de la digital, y quebró, y ha renacido como empresa tecnológica– ha anunciado el lanzamiento de su propia Kodakcoin, una criptodivisa pensada para gestionar los derechos de propiedad de las imágenes. Y su acción se disparó de inmediato un 60%. Telefónica, a través de su filial alemana, acaba de lanzar una emisión de deuda de 200 millones de euros en parte mediante blockchain.

Hace veinte años, una empresa no era nadie si no tenía un portal web . ¿Se repetirá el fenómeno? Nostrum asegura que la tokenomics encaja en su modelo de negocio. En última instancia, si la operación no funcionara siempre se podrán intercambiar los meal token por un plato de macarrones.

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