BORGES por Humberto Ojeda Gudiño

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Hoy es 24 de Agosto, una fecha memorable… se cumplen 119 años del nacimiento de Jorge Luis Borges.

Mi primer encuentro con Borges ocurrió hace muchos años, cuando era yo un adolescente que estudiaba bachillerato.

En mis manos cayó uno de sus cuentos, “Funes el Memorioso”, lo empecé a leer, lo terminé en unos minutos e inmediatamente salí a buscar “Ficciones”, su libro de cuentos que contenía al susodicho relato. Leí el libro dos veces ese día.

Desde ahí comenzó una especie de relación de dependencia, la mía, con ese autor maravilloso, una suerte de adicción que me ha hecho releer su obra varias veces, siempre encontrando, descubriendo,  algo nuevo en ella.

Además de “Funes el Memorioso”, la historia de Ireneo Funes, un hombre que no olvidaba nada, que tenía más recuerdos que la suma de todos los recuerdos de todos los hombres que han habido desde que el mundo es mundo; me impresionó “El Aleph”, sobre un punto del espacio, en el sótano de una vieja casa, que contenía a todo el universo, un cuento que constituye un enfrentamiento con el infinito y con la eternidad; también dejó huella en mí “Las Ruinas Circulares”, sobre un hombre que es capaz de crear a otro hombre en su imaginación y darle vida, para, al final, darse cuenta que él mismo es también el producto de la imaginación de otro ser humano, de alguna manera una versión de la teoría del eterno retorno.

Después, con el tiempo, me hice matemático profesional y entendí que Borges, aparte de su inmenso talento literario y de su conocimiento enciclopédico de la cultura humana, tenía un profundo conocimiento de las matemáticas, sobre todo de las relativas al concepto de infinito, como la Teoría de Conjuntos y las Series Infinitas. Igualmente de la Lógica Matemática y de las paradojas o antilogías.

No hay duda que Borges es uno de los más grandes escritores que han vivido, a la altura de un James Joyce, por citar a un anglosajón, o de un García Márquez, por citar a uno de los nuestros.

Nadie escribirá jamás como él. ¿Y cómo?, para hacerlo se requeriría: una  memoria infinita, existir sólo como el producto de la imaginación de otro hombre, y tener que vivir sabiendo que todo el Universo, incluyendo a uno mismo, está contenido en un único y específico puntito del espacio, ubicado en algún lugar de la casa de quién sabe quién.

Cualquier intento de emularlo terminaría inexorablemente en un plagio.

Borges fue, es y será siempre único.

El premio Nobel de Literatura no le fue otorgado porque se negó a dejar de viajar al Chile de Augusto Pinochet a recibir un Doctorado “Honoris Causa” en la Universidad de Chile, y era parte del protocolo que en el acto estuviera el presidente del país.

Cuando le pidieron desde Suecia que no viajara a Chile, el escritor “escuchó en silencio” y contestó: “Le agradezco, señor, lo que acaba de decirme, pero hay dos cosas que un hombre no puede permitir: sobornar y dejarse sobornar, así que iré a Chile. Buenas tardes”, relató su viuda.

Nadie que no haya leído al menos un cuento de Jorge Luis Borges puede decir que conoce de manera aceptable la Literatura Universal ni la Literatura Latinoamericana.

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