Mini Introducción:
CONTACTO EXTRATERRESTRE (Act.)
Por Humberto Ojeda G.

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En 1961 el radioastrónomo  Frank Drake formuló una ecuación para estimar el número de civilizaciones que puede haber en nuestra galaxia, la Vía Láctea.

La ecuación de Drake identifica los parámetros que tienen un papel en el desarrollo de una civilización.  Los astrónomos consideran a la Ecuación de Drake  como válida y la última aproximación que da esta, 2020, es que hay por lo menos 10.000 civilizaciones solo en nuestra galaxia, una de las millones de millones de galaxias que comprobadamente existen.

Ahora bien, antes de  una civilización, debe primero haber vida.
¿Cuáles son las condiciones para la vida?
¿Existen estas condiciones en otros cuerpos celestes distintos  a la Tierra?
¿Si hay vida inteligente en otra parte, es probable, o al menos posible,  que nos haya contactado o que nos  contacte en el futuro?
¿Es posible que nosotros podamos contactarla?

Estas cuatro preguntas resumen, a grandes rasgos, casi todas las inquietudes razonables sobre el tema.

Vamos a intentar contestarlas:

Hay básicamente tres condiciones o componentes  para la vida:
1) Materia orgánica, que es de lo que estamos hechos y lo que consumimos,
2) Agua líquida, no hielo, necesitamos un solvente, y
3) Energía.

Estos tres elementos tienen que estar mucho tiempo en un sitio para que la vida pueda “estallar” y evolucionar.

La materia orgánica es fácil que exista en muchos lugares, la energía, al igual que en nuestro caso con el Sol, la proveen las estrellas.

El agua líquida es quizás la piedra de tranca más importante para que en un lugar se den las condiciones para la vida.

No sabemos con certeza dónde en el extenso Universo existen estas condiciones, apenas están empezando las exploraciones y las enormes distancias astronómicas dificultan ese trabajo.

Por ejemplo, Alpha Centauri, la estrella más cercana al Sol, se encuentra a 4,37 años luz, o sea a 41,3 millones de millones de kilómetros; sin embargo a través de grandes telescopios como el Hubble, de sondas espaciales y de la radio astronomía se escudriña el firmamento en busca de agua líquida en otros lugares.

En 2016, a través de sondas espaciales, se determinó que en el sistema solar, nuestro vecindario, tres cuerpos, además de la tierra, parecen poseer agua líquida: el Planeta Marte, el satélite, o luna, Europa de Júpiter y el satélite Encelado de Saturno.

En Titán, otro satélite de Saturno, se ha observado líquido pero luce más bien como metano y no como agua.

En 2018, científicos, analizando los resultados de sondas espaciales rusas y norteamericanas, afirmaron que en Venus existen condiciones para la vida microbiana.
Pero no en su superficie, que es extremadamente caliente, ácida y aplastada por una enorme presión atmosférica como para albergar vida, sino en… “nubes” de su alta atmósfera, ubicadas a unos 50.000 metros de la infernal superficie venusiana.

Si a lo anterior, al hecho de que alrededor de una estrella, el Sol, que no tiene nada de especial o particular, existan condiciones para algún tipo de vida en seis lugares y en uno de ellos, la Tierra, se haya dado la vida inteligente,  le sumamos lo pasmosamente grande y poblado de estrellas que es el Universo: solo en nuestra galaxia, la Vía Láctea, se estima que hay unas 300 mil millones de  estrellas y que en el Universo observable hay al menos dos millones de millones de galaxias, creo que podemos concluir que, sin duda, sin ninguna duda, hay muchos otros lugares en el Universo donde se reúnen las condiciones para la vida, también que en muchos de esos lugares la vida ha aparecido y evolucionado a organismos inteligentes y que muy probablemente en algunos de ellos existen civilizaciones similares a la nuestra.

Ahora bien, una cosa es que haya vida extraterrestre inteligente y otra muy distinta es que podamos contactarla de manera directa o ser contactados por ella.

Aquí las enormes distancias representan un problema para, con nuestra tecnología, contactar, o visitar, a otra civilización extraterrestre.

Por ejemplo, supongamos que quisiéramos llegar a las inmediaciones de la estrella más cercana al Sol, a la mencionada Alpha Centauri, y que lo hiciéramos a 350 mil kilómetros por hora, la máxima velocidad alcanzada por una sonda espacial, entonces duraríamos como 13.500 años en llegar allí.

El mismo problema lo tendrían los extraterrestres para llegar a nosotros y; aunque tuvieran mejor tecnología y pudieran viajar mucho más rápido e incluso si desarrollaran naves que se movieran a velocidades cercanas a la de la Luz , transcurriendo el tiempo más lento para ellos, de acuerdo a La Teoría de la Relatividad de Einstein; quedaría  la cuestión de por qué  se fijarían en nosotros, cuando solo seríamos un insignificante puntito de luz en su firmamento nocturno atestado de millones de millones de lucecitas similares.

Nosotros no hemos hecho nada, aun teniendo en cuenta nuestras primeras transmisiones de radio, ocurridas entre 1890  y 1906 y a las sondas espaciales que buscan contacto extraterrestre, como la Voyager 1, que después de 36 años de ser lanzada, apenas salió de los límites del sistema solar en el año 2013,  el Voyager 2 lo hizo a finales de 2018, según se confirmó en los primeros días de 2020. Esos esfuerzos son ínfimos, minúsculos, como para hacernos notar por una civilización que habite un planeta de otro sistema planetario.
Tenemos, para efectos de llamar la atención de otra civilización,  la misma probabilidad que tiene un particular grano de arena de llamar la atención de un bañista en una playa.

Así que, empezando el 2020, no parece probable que se haya dado en el pasado un contacto directo, un encuentro cercano,  con una forma de vida extraterrestre inteligente, ni tampoco parece probable que se dé en el futuro inmediato.

Nota: Esta es una actualización de un artículo que escribí en el 2018, el avance en  el tema que nos ocupa, en mi opinión,  ha sido casi ninguno.

 

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