COVID-19. Cronología personal de preocupaciones a dos años de pandemia por María Soledad Tapia

Didier Levinson. In memoriam*. A dos años de pandemia he hecho una cronología de algunas de las cosas que han marcado la vida de todos, y mi vida, durante este período oscuro, muchas preocupaciones, algunas grandes tristezas, algunas pocas alegrías. Las comparto con nuestros lectores.

El 31 de diciembre de 2019, la Oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China fue informada de varios casos de neumonía de etiología desconocida en la ciudad de Wuhan. El 3 de enero de 2020, las autoridades chinas notificaron a la OMS un total de 44 pacientes, once gravemente enfermos. Lo demás es historia. Hoy en día se debate la actuación de China desde los primeros casos, sus informaciones, las presiones a científicos chinos por no actuar desde la primera alarma, la falta de transparencia e ineficacia al no haber controlado la enfermedad en sus fronteras. Dejémoslo hasta allí.

El 1 de enero de 2020 se cerró por saneamiento y desinfección ambiental, un mercado implicado en Wuhan que comercializaba animales salvajes vivos. Desde entonces, aupado quizas porque China no colaboró, ha surgido una gama de fantasiosas teorías para explicar el origen del virus. El 26 de febrero de 2022, un equipo multinacional y transdisciplinario concluye que es muy probable que la aparición de SARS-CoV-2 se deba a, al menos, a dos eventos zoonóticos, o a que el mercado de Huanan fue el epicentro del surgimiento del SARS-CoV-2.

Desde el 28 de enero de 2020, MiradorSalud empezó a informar acerca de la alerta mundial por el nuevo coronavirus causante del brote epidémico en China. El 30 de enero, cuando había menos de 100 casos y ninguna muerte, fuera de China, la OMS lo declaró «Emergencia de salud pública de preocupación internacional». Debido a su rápido avance, el 11 de marzo de 2020, hace dos años, fue declarado como una pandemia por la OMS quien expresó  su profunda preocupación por los alarmantes niveles de propagación y gravedad, como por los niveles alarmantes de inacción de los gobiernos de todo el mundo. Dos días después se confirmaron los primeros casos en Venezuela y se decretó el Estado de Alarma en el territorio nacional con el confinamiento de la población. Se cerraron las fronteras. La gente se quedó varada en lugares donde les agarró el cierre. No sabían que esto iba a ser por muchos meses.

No existía en el mundo información suficiente de una enfermedad emergente que estaba causando una pandemia. En marzo de 2020, el director general de la OMS recomendaba pruebas, pruebas, y más pruebas para cada caso sospechoso de coronavirus como la manera más efectiva para prevenir infecciones y romper la cadena de transmisión, junto a la cuarentena. La prueba era la reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa, en tiempo real, abreviada como PCR-RT que se aplica en muestras de faringe y fosas nasales.

Aunque nos parezca ahora extraño, al principio de la pandemia la OMS recomendaba el uso de mascarillas solo por los contagiados. Este fue uno de los primeros errores. El aislamiento basado en síntomas para controlar los brotes de COVID-19 no era suficiente. Se demostró que las etapas presintomática y asintomática podía ser responsable de cerca del 50 % de los brotes de COVID-19 y aproximadamente 30 % de los infectados podía cursar síntomas leves o tardíos. Cuando se aclaró esto, la OMS indicó que todos debíamos usar mascarillas, enfermos y no enfermos, y seguir las reglas de lavado de manos, y distanciamiento social.

En nuestro país, no sucedía aquello de «pruebas, pruebas y pruebas». No había suficiente capacidad diagnóstica. Además, había miedo por parte de los pacientes porque de dar positivo te podían llevar, si estabas en Caracas, al Poliedro, o a un hotel medicalizado en una especie de secuestro, aunque los fines fuesen la salud.

Se empezaron a enfermar muchas personas, que luego fueron conocidos, que luego fueron vecinos, que luego fueron amigos, que luego fue la familia. La gente se enfermaba de gravedad y con muchas complicaciones: la neumonía bilateral, la tormenta de citoquinas, la necesidad de oxígeno, la posición decúbito prono, el uso de respiradores, la entubación. La muerte de muchos, las secuelas en quienes sobrevivían, la angustia de los abordajes terapéuticos que eran un poco ensayo y error, la compra indiscriminada de kits que incluían vitaminas diversas, esteroides, antibióticos, además de agregar por cuenta propia la ivermectina, el dióxido de cloro y otras cosas.

Igualmente, angustiaba la inconsistencia de la realidad de la crisis con las cifras oficiales. El 8 de mayo de 2020, la Academia de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN) presentó el informe técnico titulado “Estado actual de la epidemia de la COVID19 en Venezuela y sus posibles trayectorias bajo varios escenarios” advirtiendo al gobierno que era necesario ampliar la capacidad diagnóstica a través de pruebas de PCR-RT por habitante y que el escenario de una epidemia bajo control con una curva aplanada era improbable a la luz de las proyecciones de modelos empleados con base en los datos disponibles para el momento. Más angustias cuando ACFIMAN recibió amenazas por este informe.

Al no saberse mucho del virus, tampoco se sabía de la transmisión. Empezamos a desinfectar todo. Las superficies, las bolsas con la comida, los teléfonos, las puertas, la ropa, todo. Se pusieron alfombras para desinfectar el calzado. Había fumigaciones como si de Aedes aegypti se tratara. Menos mal que desde el principio se descartó que fuese un virus entérico. Era un virus respiratorio. Se recomendaba el distanciamiento social, quedarse en casa, el uso de mascarillas y el peligro de las gotículas que se expulsan al hablar, toser o estornudar. Gotículas, esas que vemos, pesan y caen, y, por lo tanto, no se inhalan.

Y nos daba mucho miedo saber que no había vacunas. Habría que esperar unos diez años como ha ocurrido con las vacunas tradicionales. Luego, la mala noticia de que los recuperados se podían volver a enfermar y sus anticuerpos no duraban mucho. Era el anuncio del fin de la vida como la conocíamos hasta entonces.

Pero había un torbellino de actividad científica. Muchísimos laboratorios se activaron. Antes de hablar de las vacunas hay que mencionar el hito que representó el desarrollo de las pruebas de antígenos. En octubre de 2020, la OMS aprobó el uso de “nuevas pruebas de diagnóstico de antígenos, asequibles y fiables que pueden realizarse en cualquier lugar y con resultados rápidos para manejar mejor los casos, aislar  y comenzar el tratamiento de inmediato”.

Empezó la carrera de las vacunas. A un año después del primer brote de coronavirus, la OMS tenía un listado de 81 candidatas en fase de desarrollo clínico y 181 en fase de desarrollo preclínico. Se investigaban diversas plataformas. Sobresalía la novedad de las vacunas contra COVID-19 de ARN mensajero (ARNm). Desde la mitad de 2020 llegaron noticias de las pruebas de vacunas experimentales producidas por Sinopharm y Sinovac en China que emplean una plataforma de virus inactivados. Rusia desde, el Instituto Gamaleya hacía lo propio y el 11 de agosto de 2020 registró la primera vacuna contra la COVID-19, la Sputnik V que emplea una plataforma de dos vectores adenovirales humanos distintos.

El 2 de diciembre de 2020, el Reino Unido fue el primer país del mundo en aprobar por emergencia la vacuna (ARNm con nucleósidos modificados) contra la COVID-19 de Pfizer/BioNTech, allanando el camino para la vacunación masiva. En enero de 2021 fue emocionante ver grandes catedrales inglesas convertidas en centros de vacunación. Estados Unidos fue el primer país de América junto a Canadá en recibir lotes de la vacuna desarrollada por Pfizer/BioNTech. El 14 de diciembre empezó la vacunación en masa en USA. En España, el 27 de diciembre, un día después de que llegasen las primeras dosis de la vacuna de Pfizer/BionTech. Así se puede seguir el histórico de cada vacuna cuyo uso de emergencia fue aprobado contra COVID-19.

Pero todo eso ocurría en el mundo desarrollado. Nos inquietábamos, y con razón, por los países pobres, pero nos preocupaba sobre todo Venezuela. Se informó de compras masivas de vacunas rusas y chinas, que además existía el mecanismo COVAX, pero que estábamos morosos con la Organización Panamericana de la Salud (OPS). No se conocía plan de vacunación. Las academias de Medicina y la de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales lo pedían encarecidamente. Sin plan de vacunación conocido, de acuerdo a Our World in Data, se empezó a vacunar en Venezuela el 22 de febrero de 2021. ¡Rápido! pero solo para unos pocos privilegiados. Hasta el 2 de marzo las cifras eran solo de 157 dosis administradas. La angustia crecía. El 23 de abril de 2020 las Academias Nacionales se unieron al clamor nacional para que se garantizara el rápido acceso universal y sin discriminación a las vacunas contra la COVID-19 en Venezuela y se iniciase de manera urgente una campaña de vacunación. La Academia Nacional de Medicina y la ACFIMAN manifestaron su preocupación por la inoperatividad de la Mesa Técnica Nacional de Vacunación.

Venezuela - COVID-19 - Vacunas administradas

Venezuela – COVID-19 – Vacunas administradas

El 3 de junio de 2020 fue una fecha memorable para mí. Después de hacer una cola de muchas horas fui uno de los 316.000 venezolanos vacunados contra COVID-19. En mi caso, fue la primera dosis de la Sputnik V. Me sentí feliz. Con el pinchazo, ante una asombrada enfermera, hice un emocionado reconocimiento a la ciencia. Fui citada para regresar a los 21 días para la segunda dosis. Ahí empezó otra preocupación. Se corrió la voz de que no había segundas dosis de Sputnik, pero además, el 4 de junio, el Ministerio del Poder Popular para la Salud de Venezuela envió una comunicación que anunciaba la extensión del plazo de inmunización con la vacuna “Sputnik 5”, desde 21 a 90 días. También así lo recomendaba el Instituto Gamaleya. Me tranquilicé y traté de convencerme de que mientras llegaba la segunda dosis, estaba bien protegida con la Sputnik Light.

Venezuela - COVID-19 - Vacunas administradas

Venezuela – COVID-19 – Vacunas administradas

El 7 de septiembre de 2021, Venezuela recibió 693.600 dosis de vacunas contra la COVID-19, como parte del primer envío realizado al país por el Mecanismo COVAX adquiridas a través del Fondo Rotatorio de OPS con recursos propios de los países. Las autoridades nacionales no autorizaron la inclusión de la vacuna de AztraZeneca.  Vamos por el quinto lote de 3,1 millones de vacunas contra la COVID-19 mediante COVAX.

Por otra parte, ya estaba en marcha en el mundo la poderosa arremetida de los movimientos antivacunas. También apareció una importante corriente de información con buena base científica de los efectos secundarios de las vacunas junto a otra corriente plena de desinformación y mensajes aterradores. Mejorar la comunicación de información de salud para que sea precisa y clara al público para modular la infodemia (en algunos casos correcta, en otros no), contrarestar la avalancha de información errónea y de bulos malintencionados, sigue siendo un gran desafío en la pandemia. De la misma manera se iba acumulando la evidencia científica sobre la patogenicidad del coronavirus y su afectación de diversos órganos y funciones, así como de las secuelas. A mi juicio, esto facilita la estimación de riesgos y de la relación costo/beneficio por parte de cada individuo.

Otra angustia: las variantesComo lo dice la OMS, ellos y sus redes internacionales de expertos hacen seguimiento de los cambios del SARS-CoV-2 para que se pueda informar a los países y a la población. Los cambios pueden afectar la facilidad de propagación, la gravedad de la enfermedad asociada o la eficacia de las vacunas, los medicamentos para el tratamiento, los medios de diagnóstico u otras medidas de salud pública y social. Desde la cepa original de Wuhan ya vamos por cinco variantes de preocupación actualmente designadas según OMS: Alpha, Beta, Gamma, Delta y Ómicron.

La  Ómicron, ha preocupado al mundo por su gran contagiosidad aunque sus síntomas sean más leves, y no produce enfermedad tan grave. Algo positivo aquí, es que encuentra al mundo con una parte significativa de población – lamentablemente no en los países pobres- con un nivel de vacunación elevado. De nuevo, todos fueron comparando conceptos como el número reproductivo básico, R0, por el cual se estima la velocidad con que una enfermedad puede propagarse en una población. A mayor R0 más contagioso es el virus. Un equipo del Imperial College del Reino Unido ha calculado que el R0 de la cepa original está entre 1.5 y 3.5 y así el de las otras variantes.  Algunos expertos comparan la contagiosidad de la variante Ómicron, con la de sarampión, cuya R0 oscila entre 12 y 18

Ya para terminar, debo mencionar la que ahora es mi mayor preocupación: el relajamiento de las medidas de prevención en el mundo con la eliminación del uso de mascarilla y la subestimación de la gestión de la ventilación después de haberse cometido el gran error de no reconocer la transmisión aérea del SARS-CoV-2 a través de aerosoles, los cuales, a diferencia de las gotículas, se inhalan, por lo tanto, la calidad de la máscara (eficiencia de filtración) y un ajuste apropiado a la cara, son importantísimos para una protección eficaz contra los aerosoles inhalados Y por supuesto, se hace imperativa una adecuada ventilación de interiores.

Cito textualmente a José Luis Jiménez experto mundial en aerosoles, una de las grandes voces científicas de esta pandemia: “…entramos en la pandemia con un paradigma erróneo pues las formas de transmisión de las que nos hablaban al principio, la de las gotas pesadas (gotículas) que caen al suelo y las superficies, son muy marginales. En cambio, la transmisión por el aire, a través de aerosoles, sobre la cual la OMS decía el 28 de marzo del 2020, que era desinformación, ahora resulta que es la más importante y casi la única”. Los invitamos a leer esta excelente entrevista: Con la pandemia se cometió uno de los errores más graves de la historia de la salud pública.

El requerimiento de mascarillas en vuelos y aeropuertos en los EE. UU se iba a levantar el 18 de marzo de 2022. Un sindicato de asistentes de vuelo había solicitado extender el requisito hasta que se vacunasen más personas pues pondría en peligro a los viajeros médicamente vulnerables y a los pasajeros menores de 5 años. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) acaban de informar que el mandato de la Administración de Seguridad del Transporte, (TSA) que requiere que los viajeros se cubran en aviones, trenes, autobuses y en aeropuertos y estaciones de tren, se extenderá hasta el 18 de abril de 2022. En la medida en que los mandatos de uso de mascarillas se levantan rápidamente, siguen existiendo pacientes que deben permanecer usándolas debido a sus comorbilidades. ¿Será el “uso unidireccional de mascarilla” o el “one-way masking”, que básicamente significa usar una máscara incluso si todos los demás no la usan, la opción de los vulnerables, o de los cautelosos, como mínimo, siempre de la mano de la vacunación?

Solo pienso en todos los que murieron tempranamente en la pandemia, antes de que estuviesen las vacunas y cuando los protocolos terapéuticos no estaban muy claros. Me duele mucho recordarles. Hoy sería probablemente distinto. Basta leer este artículo “El reto del tratamiento anti-COVID, ¿cuánto hemos avanzado? ¿cómo estamos a enero 2022? para entender todos los avances. Las vacunas actuales desarrolladas con rapidez excepcional, mucha ciencia e inversiones sin precedentes, nos han salvado, pero no son esterilizantes, no previenen el contagio y pierden efectividad en meses. Pero la ciencia está empeñada en mejorarlas  a la par que más se conozca del virus, así como bajar su costo.

La autorización de los primeros tratamientos para COVID-19 en forma de pastillas son un gran paso en la lucha contra esta pandemia. El Paxlovid de Pfizer y el Molnupiravir de Merck, hacen ahora una gran diferencia. Pero como lo dicen algunos expertos en EE.UU, el plan de abandonar las mascarillas y depender de productos farmacéuticos para tratar a los estadounidenses que se infecten, implica un costo enorme para el Estado en medicamentos como el Paxlovid. Una frase me pareció formidable: Desalentar el uso de mascarillas ha sido costoso, recomendarlas no cuesta nada. También hay que pensar como lo dice el Dr. Jiménez y muchos expertos, en los costos de incluso infecciones leves, pero con consecuencias, pues es un virus que puede infectar el sistema circulatorio y muchos órganos, (corazóncerebro), con lo que vamos a tener una población con más problemas de salud y secuelas a largo plazo (COVID persistente).

Entre mis preocupaciones está el que no se ha garantizado el acceso equitativo a las vacunas y la baja tasa de vacunación en los países pobres mientras muchos países ricos tienen terceras y cuartas dosis; también el que no tenemos seguridad del porcentaje real de la población venezolana vacunada con primeras y segundas dosis, que se siga vacunando en nuestro país con candidatos vacunales cubanos; que salga una variante más agresiva, y aquí deseo ser optimista y desear que las variantes futuras no sean peores, pero lamentablemente es algo aleatorio, o que salgan nuevos virus respiratorios. En lo que sí hay que estar muy claros es en no cometer los mismos errores como los que señala sabiamente el Dr. Abraar Karan de la Universidad de Stanford en su esclarecedor artículo: No podemos darnos el lujo de repetir estos cuatro errores pandémicos.

Esto se alarga demasiado. Debo terminar.

María Soledad Tapia

*Didier Levinson, amigo entrañable de mi familia, murió de COVID-19 en Paris el 12 de abril de 2020 después de estar internado un mes, al final, en coma inducido, más una semana previa enfermo aislado en su hogar. Su historia, contada en la intimidad por su esposa Luz Elena, es conmovedora. El «quédate en casa» unido a «mientras no sientas problemas respiratorios», fue parte de su sentencia en esos primeros tiempos de tanta incertidumbre.

Nota: La composición de la fotografía para este «Con Lupa» se hizo a partir de la que ilustra el artículo: El 75% de contagios de Covid-19 es por aerosoles.

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