El caso Saab y la negociación en México por José Antonio Gil Yepes

El gobierno venezolano suspendió las negociaciones con la oposición después de que se extraditara a EEUU al empresario colombiano Alex Saab, retenido inicialmente por la justicia de Cabo Verde por más de un año, por cargos de lavado de dinero con recursos de programas de subsidios gubernamentales y como -supuesto- testaferro de Nicolás Maduro. Jorge Rodríguez, representante del oficialismo en dichas negociaciones, confirmó que su delegación no asistirá al diálogo a manera de protesta. Gerardo Blyde, representante de la oposición en México, y el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega, instaron al gobierno venezolano a retomar el diálogo lo antes posible. Asumimos que todas estas acusaciones tendrán que demostrarse; pero lo que aquí nos interesa es la negociación.
La ruptura en las negociaciones como represalía ante la extradición de Saab significa mezclar -incoherentemente- asuntos personales y acusaciones por delitos comunes con un proceso de negociación sobre las soluciones de la tragedia integral nacional. Este desacople sugiere que para el gobierno venezolano no sería prioritaria la solución de la crisis del país, incluyendo la flexibilización de las sanciones que ahogan su propia administración, sino salvaguardar sus intereses particulares: Evitar que Saab declare sobre temas de supuestas acciones de corrupción que nada tienen que ver con las condiciones electorales en Venezuela, la independencia de poderes, la represión, y la crisis económica y ni siquiera con las mismas sanciones económicas que tanto le interesa al gobierno flexibilizar. 
En principio, el retiro de una de las partes de una negación tendría que ponderarse negativamente porque la esencia de la democracia es la negociación entre actores diferentes con intereses distintos para llegar a fórmulas de convivencia y hasta de cooperación o complementariedad. Sin embargo, se dan casos en que “pararse de la mesa” puede justificarse dada la insensatez de la otra parte sobre algún tema de la negociación. Pero éste no es el caso, porque Saab es acusado por delitos comunes, que nada tienen que ver con la agenda de negociación en México. En este caso, el “pararse de la mesa” luce, más bien, como una manipulación política para obtener objetivos fuera de la agenda de negociación acordada. El que el gobierno exigiese sacar a Carlos Veccio como representante de la oposición, acusándolo de golpista, y luego tratase de blindar a Saab contra la extradición nombrándolo miembro de su equipo negociador en México son manipulaciones que muestran lo contrario a la sensatez y buena voluntad de un negociador. ¿O es que ahora el gobierno va a tratar de introducir en la agenda de México que se discuta el caso de la extradición, no de Saab, sino de un miembro de la mesa de negociación quien, a su vez, no tiene ninguna credencial para representar a Venezuela porque no es venezolano, nunca participó ni tiene un oficio que le acredite como negociador? 
El primer aviso de que la manipulación de mezclar un caso personal y sobre supuestos delitos comunes con las negociaciones en México se puede convertir en castigo para el gobierno de NM es que el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega declaró, conjuntamente con el representante de la delegación de oposición, llamando al gobierno a continuar las negociaciones. De no haber sido obvio que no se justificaba dicho retiro, el representante noruego no hubiera hecho esa declaración, y menos conjunta. Por el mismo tenor, se puede asumir, que el representante noruego no habría hecho esa declaración sin contar con el apoyo de los países de la Unión Europea; lo cual implica el apoyo norteamericano.
Este retiro puede tener varios desenlaces. Si el gobierno regresa a la negocación mostraría una sensatez que casi nunca ha tenido con respecto a los intereses nacionales, en el entendido de que regresaría a negociar cambios políticos y económicos, lo cual le permitiría recuperar legitimidad ante los gobiernos de Occidente y los venezolanos. Pero, si dicho retiro se prolonga, se pondría en evidencia que la prioridad del gobierno sería evitar más sanciones personales; que su disposición a negociar sus políticas para resolver la crisis nacional no sería sincera, sino -una vez más- una astucia para comprar tiempo, hasta que baje la presión y que nada cambie. Esta ruta conduciría a que se reduzca la intención de opositores y ni-nis de participar en las elecciones de noviembre y a un mayor triunfo del oficialismo en ellas; pero también a que surjan más sanciones económicas y personales. Allí, el gobierno y sus aliados, nacionales y extranjeros, tendrían que decidir si mantiene su curso de empobrecer y controlar o de abrirse a la inversión privada y recuperar la democracia: Un ritornello.

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