El fracaso del 6D Por Humberto Ojeda Gudiño

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La mejor manera de analizar los resultados del 6D es comparándolos con la última elección similar, las parlamentarias del 2015.

Para ello, proyectaremos los resultados del 2015 al tamaño del REP del 2020,  y mediremos los dos factores que nos resultan esenciales:
1. Respecto al PSUV: ¿en qué porcentaje decreció su apoyo?.
2. Respecto a la oposición: ¿cuál fue el porcentaje de la fuerza opositora que participó?

La única hipótesis que necesitamos para esto, dado que el régimen, igual que en 2015,  obligó en 2020, con distintos mecanismos, a la participación de sus bases cautivas, es que la proporción de los opositores ahora es igual o mayor a como lo era en 2015, apoyen o no a algún dirigente en particular, lo que es algo evidente.

Veamos:

El PSUV: sacó 5.625.248 votos en 2015, de haber mantenido esa preferencia tendría que haber logrado 5.973.156 en 2020, pero solo obtuvo 4.082.080, LO QUE SIGNIFICA UNA CAÍDA DE 31,6%.

LA OPOSICIÓN: sacó en 2015, consolidando todos los votos anti polo patriótico,  8.122.089, y entonces tendría que haber logrado 8.624.439 votos, pero logró 1.840.219, LO QUE SIGNIFICA QUE APENAS EL 21% DE LA OPOSICIÓN PARTICIPÓ, es decir, QUE EL 79% DE LOS OPOSITORES NO PARTICIPARON.

Si a eso le sumamos que, en condiciones equitativas y justas, mucha gente que votó por el PSUV lo hizo solo para no perder acceso al CLAP o a otros mecanismos similares, y si tenemos en cuenta que el escenario que analizamos es el mejor para ellos, pues usamos los resultados vistos a través de los gruesos cristales del CNE, no cabe duda de que las elecciones del 6D fueron un estruendoso fracaso, y  de que no ayudarán al maquillaje que,  para efectos internacionales, pretendían con ellas, como lo demuestran los pronunciamientos de decenas de países que ya las rechazaron.

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