Franco Bordino: “Filosofía y literatura son empleos afines al espíritu”

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“Uno mide los poetas por la emoción que producen”, afirmó el gran Borges. El mismo que está allí, presidiendo los poemas de este joven argentino descubierto para el mundo por el XVIII Premio Casa de América de Poesía, cuyo jurado justamente advirtió en su obra “un libro meditativo, cuyas fuentes líricas nos hacen recordar poetas como Jorge Luis Borges”.

“Confieso que hace algunos años no me gustaba su poesía, la subestimaba”, declara. “La consideraba demasiado simple, narrativa y poco poética. Estaba demasiado acostumbrado a las metáforas estridentes del surrealismo y a las búsquedas metafísicas de los poetas modernos como para poder apreciarla. No sé cómo ni por qué, en determinado momento de mi periplo intelectual, esos poetas modernos que admiraba se me antojaron tan literarios como Borges, sólo que oscuros y embusteros. Y, en cambio, la poesía de Borges se me volvió agradable, pródiga en encantos y sutilezas.
-Algunos consideran que, como Cortázar, su “fracaso” en la poesía lo llevó a la narrativa.
-No me imagino ese espíritu comercial en Borges. No me lo imagino diciendo: “Bueno, como me fue mal con la poesía, ahora pruebo suerte con la narrativa.” Habrá empezado a escribir cuentos porque de repente comenzaron a ocurrírseles. También me parece normal esa progresión; que haya empezado escribiendo poemas y ensayos, y sólo después haya escrito cuentos. Para escribir poemas o ensayos basta con tener algo de inteligencia y sensibilidad; para escribir cuentos, en cambio, hace falta también inventiva, imaginación. Es un acto bastante osado el de inventar argumentos y personajes, me parece natural que un escritor lo acometa tardíamente, que se anime primero a registrar sus sentimientos y sus ideas.
-Ud. ha afirmado que “la poesía es la palabra puesta al servicio de comunicar sentimientos”. Y también que “el poema es una emoción desatada”. ¿Cuál sería la diferencia entre emoción y sentimiento? 
-Alguna vez me hice la misma pregunta y consulté varias entradas del Ferrater Mora para sacar en limpio que no existe ninguna diferencia y que si existe, es un tecnicismo artificial inventado por filósofos.
-Reunir poesía y filosofía no es siempre es algo fácil. Pero dice que para Ud. siempre fueron una misma cosa. 
-El primer libro de filosofía que leí fue el Fedón de Platón; y mis primeros libros de literatura fueron el Quijote y Ficciones. Todas estas lecturas las hice más o menos por el mismo tiempo, a mis dieciséis años. Es natural que si uno conoce solamente estos libros (y eran los únicos que conocía entonces, porque fueron los primeros que leí) saque la conclusión de que la filosofía y la literatura son hermanas. Pero aunque fue precipitada, no creo que fuera errónea mi conclusión. La literatura y la filosofía comparten cierta actitud desdeñosa por la realidad, un tácito escepticismo, a la vez que un entusiasmo desmedido por la inteligencia, la fantasía y la sensibilidad. Son, creo, empleos afines del espíritu.
-¿Cómo, cuándo, empieza a escribir poesía? 
-Fue algo gradual. Quiero decir que no sabría precisar una fecha. Primero empecé leyendo poesía. Ya a los diecisiete años quería escribirla. A los veinte, lo quería con determinación. A los veinticuatro, todavía escribía pésimos poemas. A los veintisiete, ya escribía algunos satisfactorios, pero carecía de un estilo homogéneo. A los veintinueve, con el aval de un premio muy prestigioso, me resigno a publicar “Los primeros indicios”, que hasta la fecha es lo mejor que pude escribir.
– “Para qué poetas en tiempos desesperados”, se pregunta Hölderlin. Hoy, en medio de este tiempo convulso y confuso que vivimos, ¿qué podríamos responderle?
– -No creo que los poetas sean más útiles en los tiempos de paz y opulencia. Me viene a la mente la frase de Wistler: “Art happens”, el arte sucede. Mallarmé decía que las cosas existen solamente para ir a parar en un libro. Quizás las circunstancias sean siempre insuficientes para justificar la existencia de la poesía, pero a menudo ocurre lo inverso, a menudo la poesía justifica la existencia de circunstancias que de no ser por ella serían olvidables. ¿Quién se acordaría de Rodrigo Manrique si no fuese por las coplas que le dedicó su hijo?
-Por último, ¿qué representa un premio literario para un escritor? 
-Para mí ha significado nada menos que la posibilidad de publicar mi libro. También, de alguna manera, le añade realidad a lo que hago. Hasta ahora escribir versos era poco más que un capricho de mi parte, que las personas que me rodean debían soportar con cariño y con paciencia. (Y esto lo digo exclusivamente por mí; es mi percepción la que describo, y no la de mis seres queridos, que me apoyaban y veían mis poemas con mejores ojos que yo). Ahora, bueno, sigue siendo un capricho, pero es un capricho prestigioso. El premio me lo hace más tolerable, menos incivil.
Los primeros indicios
 A Luciana 
No vi instantáneamente nuestro hogar.
Vi primero la puerta y vi la dura
llave dormida en la hosca cerradura,
para que nadie más pudiera entrar.
Vi el espontáneo fluir de la palabra;
el fuego que calienta y que me alumbra
tu piel dormida y blanca en la penumbra,
y el dulce amor solícito que labra
el oro silencioso de los días
felices como un pan. Te vi perdida
en el hondo rumor de la lectura.
Sólo vi la sustancia, vi la vida
del hogar, sin notar que sus tardías
paredes son tan sólo una figura.
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