La caída del comunismo soviético (1917-1991) Por Carlos Canache Mata

Paralelamente a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), se produjo el triunfo bolchevique en Rusia con la Revolución de Octubre de 1917, que derrumbó al régimen zarista y creó el Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin. Varios países enviaron ejércitos y hubo los intentos contrarrevolucionarios en la guerra civil rusa que tuvo lugar entre 1918 y 1920, tratando de aplastar el movimiento que acababa de instalarse en Rusia, pero todos fracasaron. En diciembre de 1922, se creó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, también llamada Unión Soviética, que reagrupaba la mayor parte de los territorios del antiguo imperio ruso. Entre 1921 y 1928 se aplicó, a los fines del desarrollo económico, la NEP (Nueva Política Económica), que conjugaba ideas y fórmulas capitalistas y socialistas, la cual fue sustituida en 1928 por el establecimiento de planes quinquenales que se basaban en la industrialización del país y la colectivización del campo (creación de koljoses y sovjoses).

En su etapa de auge, vivía bajo el dominio del comunismo la tercera parte de la población mundial y se alcanzaron importantes cotas de desarrollo económico. Sin embargo, en la década de los años ochenta se presentó una importante crisis, especialmente en el sector primario. Como lo señala la Gran Enciclopedia Espasa: “…La superpotencia económica que llegó a ser la URSS presentaba una serie de deficiencias en su estructura económica que los sucesivos gobiernos no fueron capaces de paliar y que incidió significativamente en su desintegración. El desabastecimiento  alimenticio  fue una de las principales causas de malestar social, y fracasaron las medidas y los proyectos de reforma económica que sucesivamente se propusieron”. Como consecuencia de la indefinición del modelo económico, había una paralización de la actividad legal, mientras crecía la economía sumergida como la única economía real.

La incertidumbre de si el comunismo soviético desaparecería –en su confrontación con el capitalismo- de forma pacífica o de forma violenta, existió hasta que, con el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, surgió la evidencia de la destrucción mutua asegurada -¡el holocausto nuclear!- entre los contendores de una nueva guerra mundial. Los dos rivales –comunismo versus capitalismo- se vieron obligados a buscar el triunfo del uno sobre el otro, bajo el arco de la coexistencia pacífica.

Tras la muerte de Konstantin Chernenko, el 11 de marzo de 1985, la asamblea plenaria especial del Comité Central del PCUS eligió a Mijail Gorbachov como secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Tal vez, equivocadamente se creyó que estábamos presenciando un rutinario cambio de relevo  burocrático. No fue así. En el mes de abril se celebró una asamblea plenaria del Comité Central del PCUS, donde se delinearon los principios básicos de los nuevos planteamientos del régimen a través de la perestroika -reestructuración- y la glasnost –transparencia informativa-.

En su libro Perestroika (primera edición, noviembre 1987, página 77), Gorbachov explica cómo se ha desarrollado la perestroika en el terreno económico, así: “Yo diría que el concepto de reforma económica, tal y como se presentó a la asamblea plenaria de junio, es de naturaleza global y exhaustiva, puesto que prevé cambios tan fundamentales en todos los sectores como puedan ser el paso de las empresas a una plena contabilidad de costos, la transformación radical de la dirección centralizada de la economía, modificaciones básicas de la planificación, una reforma del sistema de fijación de precios y del mecanismo financiero y crediticio y, finalmente, una reestructuración de las relaciones económicas extranjeras. Asimismo, prevé también la creación de nuevas estructuras organizativas en la Administración, el desarrollo en profundidad de los fundamentos democráticos de la dirección y la introducción generalizada de los principios de autogestión”.

La glasnost tiene en los medios de comunicación “la tribuna más generalizada y representativa”. En su libro Perestroiska, Gorbachov apunta que “el desarrollo de la glasnost es una forma de acumular las diversas ideas y opiniones que reflejan los intereses de todos los estratos, de todas las profesiones y oficios de la sociedad soviética”.

Las transformaciones que promovía Gorbachov no tenían el apoyo de los sectores conservadores del Ejército ni de quienes reclamaban más celeridad en su implantación, a lo que se sumaban la grave crisis de la economía soviética, señalada líneas arriba, y la cuestión del nacionalismo latente o abierto y ostensible en el seno de las repúblicas que conformaban la URSS. El golpe de Estado militar fallido de agosto de 1991 fue un punto de inflexión que anunciaba la inminencia de la desintegración de la Unión Soviética. En ese mismo mes de agosto, las tres Repúblicas bálticas –Lituania, Estonia y Letonia- declararon su independencia y fueron reconocidas internacionalmente en septiembre, mientras que el resto apoyó la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), ratificada por los acuerdos de Minsk y Alma Ata de diciembre de 1991. Solamente Georgia, que estaba en una guerra civil de carácter étnico, se abstuvo de la integración hasta 1993. Esta nueva organización y la dimisión de Gorbachov pusieron fin, en el mes de diciembre de 1991, a la Unión Soviética.

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