¡La sentencia inexistente! por Hugo Araujo

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«Quien la justicia reparte, no puede ser juez y parte». Anónimo
La reciente sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que pretendía eliminar totalmente los poderes que le otorga claramente la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a la Asamblea Nacional, quiso burlar el poder otorgado por 8 millones de venezolanos al órgano legislativo. Tal acción generó un enorme movimiento de opinión que está sacando a la luz las incongruencias, fallas y maldades del madurismo en la AN ¡La maldad es su divisa!

Los rojos escupen hacia el cielo y la saliva les cae en la cara. He aquí la prueba de lo que sostengo: Según acta de la sesión parlamentaria de fecha 22 de marzo de 2007, cuando presidía la Asamblea Nacional Cilia Flores, dicho ente legislativo ejerció el poder de control -que hoy el madurismo le niega a la AN-, sobre la Sala Constitucional del TSJ. La AN roja rojita, desconoció una sentencia de dicha Sala, en la que se modificaba sustancialmente un artículo de la Ley de Impuesto Sobre La Renta. Es decir, los chavistas de entonces, ratificaron que los poderes de la Asamblea Nacional están por encima de las atribuciones del Tribunal Supremo de Justicia, por lo tanto, el TSJ no puede limitar las funciones y potestades de la AN ¡Hoy dicen lo contrario y se han convertido en soberanos hipócritas!

La hoy primera dama Cilia Flores, que en aquel momento era presidenta de la Asamblea Nacional, le reclamó al TSJ y a la Sala Constitucional el «atrevimiento de haber cambiado una ley». En ese entonces, tal como ahora lo hace la actual AN, los diputados rojos desconocieron la sentencia emanada del Poder Judicial y ordenaron que se constituyera una comisión que investigara a los magistrados de la Sala Constitucional. Ahora, cuando la Asamblea Nacional opositora, en uso de sus facultades constitucionales desconoce la sentencia del TSJ que anula sus poderes, los chavistas aplauden lo que antes rechazaron ¡Lo que es igual para el pavo lo es para la pava!

De acuerdo a lo expresado por Henry Ramos Allup, la sentencia del TSJ es inexistente, pues al elaborarla el Tribunal Supremo de Justicia violó el artículo 40 de su propia ley, el cual exige la firma de las dos terceras partes de los magistrados de la Sala Constitucional, un hecho que no se llevó a cabo, pues de siete magistrados que conforman la Sala Constitucional, -como lo expresé al inicio- sólo cuatro firmaron la sentencia, incumpliendo el quórum necesario de las 2/3 partes de sus miembros ¡Ya ni tramposos saben ser!

Está sumamente claro que el Tribunal Supremo de Justicia no puede bajo ningún concepto limitar las potestades de la Asamblea Nacional. Quien todavía lo dude, que se lea la Constitución Nacional en el Título IV, Capítulo I, Sección Primera, de la Exposición de Motivos, que señala: «Se establece el principio restrictivo de la competencia, según el cual los órganos que ejercen el Poder Público sólo pueden realizar aquellas atribuciones que les son expresamente consagradas por la Constitución y la ley». ¡Al TSJ nadie le dio la potestad de controlar a la Asamblea Nacional!

El TSJ se inmiscuye indebidamente al limitar las funciones de la AN, pero lo hace recibiendo órdenes de Miraflores, ya que el temor más grande de Maduro y sus sigüices es el contenido del artículo 187 numeral 3, de la Constitución, que establece que una de las funciones de la AN es: «Ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional, en los términos consagrados en esta Constitución y en la ley». ¡Le tienen terror a que los controlen y les descubran sus trampas, sus chanchullos, sus robos y arbitrariedades!

Gracias a Dios contamos en la Asamblea Nacional con un presidente como Ramos Allup, quien con su severa autoridad frente al opresor, no se le enfría el guarapo para enfrentar las torpes y torcidas maniobras del madurismo, y a la vez, ha tenido una prudente y sabia actitud para moderar y orientar las acciones que vayan a tomar los parlamentarios de la Unidad. Tampoco escapa de este hombre providencial el conocimiento y la experiencia necesaria para en un momento determinado, sin que le tiemble el pulso, diluir y derrotar con argumentos sólidos las medidas provenientes del TSJ, o del Gobierno, que parecían amuralladas e indestructibles ¡El caso de la sentencia del TSJ lo comprueba con creces!

La robolución colapsa en forma indetenible. Todos lo sabemos y quien más lo percibe es Maduro y su perverso régimen. Pero no se resignan y utilizan a fondo toda su capacidad de resistencia. Sus tácticas fracasan. Creen que provocando la violencia y el miedo se atornillarán y no saldrán del Gobierno, o en su defecto, piensan que si los tumban, a futuro tendrán la excusa perfecta para ocultar su ineficiencia y maldad como gobernantes. La oleada de impopularidad de Maduro se incrementa día a día. Racionamiento tras racionamiento la gente se molesta más y más. Muerto tras muerto por el hampa, o por falta de medicinas, incrementan la rabia y el dolor. Cola tras cola, escasez tras escasez, la gente clama por una salida ¡Que no lo duden saldrán por la vía constitucional!

Las políticas de odio y retaliación aupadas por el Gobierno han originado agresiones contra dirigentes opositores; Beatriz Pérez Blanco concejal opositora en el estado Anzoátegui fue agredida por la vicepresidenta de la Cámara Municipal quien le arrojó un vaso de vidrio en la cara, en plena sesión. Igualmente, el diputado Carlos Paparoni, a la salida de la sesión de la Asamblea Nacional, el pasado jueves, fue herido en la cabeza por las bandas chavistas; el auto de la diputada Dinorah Figuera fue dañado en el estacionamiento de la Asamblea Nacional. Esas son muestras de la desesperación agónica del régimen ¡Pataleadas de ahogado!

El camino de la violencia escogido por el Gobierno intenta desesperadamente conducirnos hacia un desastre de consecuencias impredecibles e incalculables. Las bandas armadas del Psuv, atizadas por el verbo incendiario del presidente, intentan cada vez más dejar su huella malsana, criminal y asesina. Digo que el verbo del presidente atiza la violencia, porque tal cosa quedó totalmente comprobada con su felicitación a las barras chavistas, que lograron suspender la sesión de la Asamblea Nacional la pasada semana. Sin duda alguna es una concreta e irrefutable manifestación de la vocación totalitaria y violenta del presidente y sus sigüices. Pero el malsano proyecto de la Robolución que tiene al pueblo pasando hambre y necesidad ya no tiene vida ¡El tiempo se les acabó!

Debemos estar firmes y contundentes en el rechazo a las políticas hambreadoras del régimen. Ha llegado el momento añorado en el que se tomarán las acciones necesarias para salir de este nefasto, perverso y maligno Gobierno. Entonces, iniciaremos la reconstrucción de Venezuela y lograremos un país donde impere la justicia y no volvamos nunca más a conocer adefesios jurídicos como: ¡La sentencia inexistente!

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