Las “Cinco esquinas” de Mario Vargas Llosa

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Nunca una novela de Vargas Llosa había recibido tanta publicidad. Carmen Balcells, la arquitecta de la campaña de Cinco esquinas (Alfaguara, 2016), hubiese estado complacida. Al menos, por la parte que le corresponde: la puesta en circulación de una primera edición de 200,00 ejemplares y las consiguientes entrevistas, presentaciones, ruedas de prensa, viajes y reseñas que anticipó desde que tuvo el manuscrito en sus manos.

No así por la filtración del erótico primer capítulo debido a un “fallo informático”; eso no pudo haber sido -¿O sí?- idea de ella. Tampoco por la merecida inclusión de la obra del Nobel peruano en la prestigiosa colección La Pleiade, de la editorial Gallimard. Eso fue una oportuna coincidencia; un valor mediático añadido. Lo mismo que su publicitado romance con Isabel Presley y las celebraciones por su 80 cumpleaños.

Como quiera que haya sido, lo cierto es que Mario Vargas Llosa presentó su nueva novela, como lo previó la Balcells, por todo lo alto. Primero lo hizo, auspiciado por la editorial Alfaguara y acompañado por su directora Pilar Reyes, en la sede de Casa América, justo en el mismo corazón de Madrid, frente a la Plaza de la Cibeles. Y una semana después, en el emblemático Salón de las Columnas del Círculo de Bellas Artes, en la madrileña calle de Alcalá.

A este segundo evento el escritor llegó acompañado por su pareja, Isabel Presley, donde ambos, tomados de la mano posaron ante las cámaras de decenas de periodistas que lo esperaban en la puerta como si se tratase, no de un evento cultural, sino de la apertura de una nueva sucursal de Porcelanosa. Más tarde, en el escenario, la actriz Aitana Sánchez-Gijón leería el tórrido y ya famoso primer capítulo. La velada terminó con una charla entre Vargas Llosa y la periodista Montse Domínguez ante una audiencia con más socialites y aristócratas que intelectuales y escritores

Pero pasados los flashes y las portadas de Hola, la novela, como obra de ficción, ha debido enfrentar el escrutinio de críticos y lectores. Y la verdad es que no sale bien parada. Uno hubiese deseado que Cinco esquinas fuese una gran novela; una que fuera el cierre justo a su larga y prestigiosa carrera literaria. Pero no lo es. Se ha dicho que comenzó como un “thriller político” y terminó siendo un “fresco de la sociedad peruana”. En realidad, no es ni una cosa ni la otra. No es un thriller porque los elementos típicos del género no están presentes. Hay un asesinato, es cierto; pero no hay suspenso ni pistas a seguir. Ni siquiera el verdadero criminal es capturado.

Y no es un cuadro social del Perú porque los problemas que agobiaban a la nación en los años en que transcurre la novela (corrupción, terrorismo, abuso de poder, injusticia y falta de libertades) solo son mencionados como de pasada. Fujimori, Montesinos, Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru son simples alusiones al margen dentro de una trama (bien estructurada, eso sí) que comienza con una relación lésbica entre dos amigas de la alta sociedad limeña (Marisa y Chabela) y continua con un chantaje al exitoso ingeniero Enrique Cárdenas por parte de Rolando Garro, director de una revista amarillista.

Pero lo peor no es la superficialidad de la trama (con pocos segmentos descriptivos y largos diálogos) sino su prosa, tan repleta de lugares comunes, que parece escrita no por un Nobel sino por un aficionado: “sintió una extraña inconformidad”, “Enrique se encogió de hombros, sorprendido”, “El Doctor movió la cabeza, negando”, “Trató de tranquilizarla, intentando una sonrisa”, “Le brillaban los ojitos mientras hablaba”. Las escenas de sexo no corren mejor suerte; parecen sacadas de Cincuenta sombras de Gray: “Me has excitado otra vez, bandida -dijo Chabela, buscándole la boca, tocándola- Y ahora sí que me las vas a pagar”. Lo que sigue es de imaginar: puro porno para mamás.

Vargas Llosa no es el único de los grandes escritores laureados (pienso en José Saramago y El viaje del elefante; y en García Márquez y Memorias de mis putas tristes) que, al final de sus carreras, cuando todos esperaban un último libro que los consagrase para siempre, han escrito una obra menor. Es difícil imaginar por qué escogió, por sobre la monumentalidad épica de una novela histórica sobre el Perú, la brevedad narrativa de una novelita como Cinco esquinas. Quizás haya sido por obligaciones contractuales con su editorial o porque en su nueva y agitada vida social no hay espacio para la escritura. Quién sabe. Lo cierto es que pudo haber intentando recobrar la grandeza de Conversación en La Catedral y La ciudad y los perros, pero no lo hizo. Y es una lástima. Porque tal vez ya no tenga tiempo de hacerlo. Esta podría ser, por razones obvias, su última novela. Qué triste despedida.

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1 Comentario

  1. Qué lástima, que un escritor como Vargas Llosa cierre su ciclo con una novela que nos quedo a deber y mucho a los lectores. Parece ser que se empeña también en decepcionarnos de su vida familiar exhibiéndose con tan criticada señora, lo cual habla de su poca inteligencia que a estas alturas de la vida se las de de Galán y noviecito, después de un matrimonio de cincuenta años con Patricia Llosa solo le dijo ay te ves. Qué poca.

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