Libres y sin rencores por Adriana Dreyer

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El tiempo parece transcurrir lento, siempre caminando por el borde de los acontecimientos amenazados con caer, pero que a veces parecen tan lentos que creemos que no ocurren… aunque ya hay tantas personas que cayeron y permanecen en el suelo,
y así  es como todo un país parece haberse acostumbrado a vivir en horas elongadas y en las condiciones más infrahumanas posibles, pasamos 24 horas sin luz, una hora esperando a la otra, creyendo que ya llega y nos quedamos muy quietos solo con el minutero de gotas de sudor que resbalan por una espalda cansada, por unos ojos agotados.

Pasamos una semana sin agua y recogemos las gotas sudadas para lavarnos la cara.

La ventana rectangular por donde mirábamos el mundo a medias, también esta clausurada.

Las enfermedades graves, de las que antes nos enfermábamos, ya no tienen fiebre, tienen una urgencia pasmada esperando  cruzar fronteras por trochas improvisadas, por  aviones de carga que ya no sabes si tienen alas, solo anhelas tus pastillas trasnochadas.

Los niños a la espera, esperan comer, esperan dormir, esperan volver a clase, esperan jugar , esperan salir , esperan correr, esperan no enfermarse , esperan vivir, esperan y esperan un futuro menos incierto.

Nada más diré para no cansarlos  de tanto de lo mismo que vivimos a diario,
que estas cotidianidades confinadas, que silencian el alma y las ganas, sí, sí,
están llenas de palabras y lágrimas que quisiera no pronunciar y no llorarlas, pero necesitamos  gritarlas para sanarlas, para no inconarlas y se vuelvan rencores. No son pensamientos tristes, son realidades aplazadas y confinadas.

Dios nos aguarda pero en un transcurrir tan lento que cansa.

PD: no queremos conseguir la calma , queremos ser libres. Libres y sin rencores

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