Cómo manejar la infidelidad

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“En un mundo ideal, lo más adecuado al enterarse de que la pareja es infiel sería tratar de mantener la calma y no dejarse llevar por un ataque de ira o de miedo”, afirma la psicóloga Belkis Carrillo, conocida en las redes como @psicoespacio. “Esas reacciones extremas de salir a rayar carros, espichar cauchos, llamar a otras personas por teléfono o dañar su reputación no solo no están bien, sino que empeoran la situación y no solucionan. La otra respuesta, que sería hacerse el loco por miedo a que la pareja nos deje –bajo esa teoría de que ‘si no me doy por enterado/a, no ha pasado nada’– tampoco es saludable, pero mucha gente lo hace porque teme que si reclama la abandonen”. Carrillo agrega que, sobre todo cuando hay hijos de por medio, la mejor solución no es botar enseguida a la pareja de la casa. “Como de cualquier modo suele ser un momento doloroso, lo que sí es muy importante es desahogarse, reconocer las emociones, hablar de lo que está pasando con una buena amiga o amigo y no arremeter automáticamente contra el otro, sino tratar de calmarse primero y buscar ayuda”.

Una vez que ambos miembros de la pareja logran hablar y exponer sus puntos de vista, es aconsejable que cada uno analice e identifique su responsabilidad en que la situación se haya ido de las manos. “Hay personas que sienten que esa premisa es injusta o se niegan a reconocer que tuvieron algo de responsabilidad porque dicen que siempre fueron el esposo perfecto o la novia ideal y que la falta fue del otro. Incluso en ese caso, su carga fue no haber prestado atención a cómo estaba funcionando la relación. Tratar de ser 100% víctimas nos resta capacidad de afrontar el problema y procesarlo”.

No obstante, la psicóloga indica que cada quien tiene cierta noción de cuánto puede soportar o cuánto está dispuesto a reconstruir. “Gradualmente uno tiene que preguntarse: ¿soy capaz de superar esta situación con mi pareja o no la voy a poder perdonar?… No hablemos de perdón en el concepto más amplio porque ese es un proceso muy complejo; digamos que si estoy segura/o de que no voy a poder volver a confiar más nunca en él o ella o no me siento capaz de remontar lo que pasó, recuperar ese vínculo va a ser muy difícil”. Es importante que antes de tomar cualquier decisión ambos tengan un periodo para procesar lo ocurrido, reflexionar y valorar lo bueno y lo malo. “Si decidimos no continuar, es importante no saltar enseguida a otra relación, sino darnos un tiempo para hacer el duelo y tratar de desconectarnos por completo de la pareja, incluso de sus redes sociales. Es como ser un drogadicto que necesita alejarse y depurarse para sanar”.

Pasar la página. Si se decide reconstruir la relación, la experta apunta que deben establecerse nuevas reglas y acuerdos. Para ello es importante identificar bien los errores previos –falta de comunicación, abandono mutuo, bajo entendimiento sexual– que coadyuvaron a la infidelidad. “Esa relación es como un paciente al que hay que curar y luego prevenir una recaída. Si el problema es aburrimiento sexual, se puede tratar de probar cosas nuevas o buscar asesoría con un sexólogo. Si es falta de comunicación, habilitar los recursos y los momentos para estar juntos y hablar de asuntos que no sean el dinero, el trabajo o los hijos. Todo lo que se implemente dependerá de las necesidades de cada pareja”. Carrillo indica que los acuerdos deben escribirse y colocarse a la vista para no olvidar su cumplimiento. “Es importante que se cumplan por voluntad propia y no ‘obligando’ o persiguiendo al otro para que los acate. Si alguno de los dos o ambos están desmotivados para intentarlo, toca reconocer que la motivación por la relación tampoco existe”.

¿Cómo se puede recuperar la confianza? La especialista señala que hay dos requisitos básicos. Uno, que el infiel exprese una toma de conciencia sobre las consecuencias de su acción, al reconocer el daño que causó. Otro, que implemente acciones correctivas para cambiar esa conducta. Ambos son necesarios como cimientos hacia el rescate del vínculo. “Puede pasar que el infiel caiga en cuenta que cometió un error y descubra que su relación primaria es más valiosa para él que todo lo demás. Pero si estamos ante una persona que se hace la loca o minimiza el malestar que provocó (‘no te pongas así, fue nada más sexo, a cualquiera le pasa’), o que no propone ninguna solución para alejarse de ese tercero (romper el contacto, cambiar de ambiente, buscar ayuda terapéutica, tratar de resarcir el daño), es razón suficiente para irnos”.

Carrillo sostiene que a una persona insegura o con poca autoestima le cuesta considerar una ruptura porque esa vida en común es lo conocido, porque le da más miedo estar sola, o solo para que el tercero no se quede con la pareja. “Decidir quedarse también es factible, pero se mide por resultados a largo plazo. Y si esa persona decide que entre dos situaciones ‘malas’ –pasar un duelo o quedarse en una relación que no funciona– prefiere seguir allí que apartarse, a pesar de los consejos de todo el mundo o de su propia felicidad, a los demás no les queda otro remedio que aceptarlo. Es su vida”.

¿Cómo ayudar?

La psicóloga Belkis Carrillo considera que lo más recomendable al auxiliar a alguien dolido es ser empático. “Hay una gran diferencia entre ser empático y ser simpático. Ser empático significa simplemente escuchar, acompañar, abrazar, apoyar, ser un hombro para llorar: estar allí para ti. Por otro lado, el simpático pretende ser la amistad más ‘aguerrida’ y tiende a asumir un papel que no le corresponde: a veces es quien siembra cizaña o propone perseguir al amante, contratar un malandro, causar daños o cualquier otra imprudencia”, ilustra. “El gran problema de querer ser ‘simpático’ no solo es echarle más leña al fuego, sino que si esa pareja al final se arregla, es uno quien se va a quedar por fuera”.

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