Mary Poppins, la superheroína en paraguas

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Da vértigo asomarse a la calle del Cerezo y ver que Bert ya no merodea por el número 17, que el cañón del almirante Boom dispara con cinco minutos de retraso y que los hermanos Banks, esos niños que pedían una «niñera sin verrugas, con las mejillas sonrosadas, muy alegre y confiada», han crecido y olvidado a la institutriz «prácticamente perfecta» que volaba en paraguas. Da pánico comprender que, tras 54 años, la sempiterna Mary Poppins ha cambiado, que ya no es Julie Andrews la que empuña ese paraguas con astil de pájaro sino Emily Blunt. Y que para hacer frente a los problemas hay que buscar nuevas fórmulas, porque ya no sirve el «Supercalifragilísticoespialidoso». Da miedo acometer el reto, porque la sombra de esa película que Walt Disney le «regaló» a su hija es alargada. Pero si algo ha enseñado Mary Poppins es que todo es posible si se cambia de perspectiva, que cuando los tiempos no acompañan, ella siempre acude a la llamada, con el «viento del Este y la niebla gris que anuncian que viene lo que ha de venir».

Y como no hay mejor momento que el actual, ese en el que Hollywood, como el mundo, a veces se mira y no se reconoce, la meca del cine echa la vista atrás, al pasado, para encontrarse de nuevo. Para buscar en esa raída bolsa de viaje en la que todo cabe y sacarse de la chistera una mágica secuela del clásico. De la mano de un probado experto en musicales como es Rob Marshall llega «El regreso de Mary Poppins», una oda a la nostalgia con el frenético ritmo de los tiempos que acompañan.

«Necesitamos a Mary Poppins más que nunca porque aporta una inyección de esperanza y luz en tiempos oscuros», asegura el director, que descubrió «la magia del cine» a los cuatro años cuando vio «Mary Poppins», su primera película. No es el único que confía en la niñera que canta cuando las penurias acucian. «Necesitamos que Mary Poppins nos guie en en este momento confuso y aterrador en el que el mundo está cambiando», pide Emily Mortimer, que interpreta a Jane Banks, reconvertida con los años en sindicalista mientras su hermano Michael, al que da vida el actor Ben Whishaw, sigue abriendo la boca como un «bacalao» por mucho que corra el tiempo.

Como todo el equipo que ha formado parte de esta secuela, hubo cierto temor. Por mantener el listón y respetar el clásico, por saber renovarlo sin caer en la repetición, en el tedio de hacer la misma película con los medios actuales. Por eso se optó por ambientar la secuela en el Londres de la Gran Depresión, cuando los niños Banks ya son adultos y han olvidado, al dejar atrás su infancia, toda la magia de la niñera. Pero, como les aconsejó Meryl Streep (Topsy, la extravagante prima de Poppins) a los compositores Marc Shaiman y Scott Wittman, sorprendidos ante el nuevo acento de la actriz en la película, «el miedo es una gran motivación».

Con Van Dyke per sin Andrews
«No me atrevería a ser parte de un remake de Mary Poppins porque esa película ya es perfecta», reconoce Lin-Manuel Miranda, Jack en la cinta, farolero londinense y digno heredero del deshollinador Bert de Dick van Dyke, su héroe, que además tiene un papel con guiño nostálgico. El veterano actor, que a juzgar por «su» escena conserva la gracilidad de su juventud pese a sus 93 años, le dijo a Marshall durante el rodaje «lo mejor que nadie» le podía haber dicho: «Siento el mismo espíritu que sentí en la primera película». «Eso fue todo para mí», confiesa emocionado el director en una entrevista con ABC.

Quien no figura en el reparto es Andrews, que decidió dejarle a Blunt espacio para hacer suyo el personaje, en esta ocasión más inspirado en los libros de P. L. Travers. «Me conmovió ese gesto, fue muy generoso y amable», sugiere Blunt, que mezcló «la excentricidad y la rudeza de esa vanidosa Mary Poppins literaria que viene de las nubes para imponer orden entre tanto caos» con un acento inspirado en el de la princesa Margarita.

«El mayor desafío fue superar el miedo de tratar de escribir nuevas canciones para la secuela de una película que tiene excelentes canciones», afirman Shaiman y Wittman, espoleados por el consejo de Streep y también por la inspiración de Stephen King, «que ya demostró en “El resplandor” que no hay nada más aterrador que una página en blanco».

Así, sin miedo y con la emoción de estar reinventando un clásico, «la rueda gira» y surgen nuevas lecciones con canciones originales como «Trip a little light fantastic» o la balada preferida de la protagonista, «The place where lost things go». Y, como siempre hace, cuando termina, Poppins recoge sus bártulos y se va volando, sin despedirse. Porque entre tanta moralina no podía faltar la más importante, «la mejor forma de empatía» para Blunt: «Ayudar sin esperar nada a cambio».

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