¿Mejoran todos los indicadores…y? Por José Antonio Gil Yepes

La Encuesta Omnibus Nacional de Datanalisis de agosto 2021 arrojó que el indicador “Situación Personal” se había ubicado en + 53%. Por ello recibimos opiniones encontradas: unos preguntaban cómo era posible que ese indicador se encontrase en positivo ante unas políticas gubernamentales tan negativas. Otros simplemente criticaban que eso no podía ser cierto por la misma razón. Por otra parte, otros indicadores relacionados con la Situación Personal, tales como aprobación de gestión del gobierno, de la oposición, identificación partidista, evaluación de instituciones públicas, si bien siguen siendo muy negativas (entre -88% y – 70%), todas han mejorado entre 3 y 10 puntos. Lo cual coincide con el crecimiento de los “muy dispuestos a ir a votar” del 8 al 20% en tres meses.
En 2018, la «Situación Personal” llegó a su peor nivel, -83%, pero ha recuperado 56 puntos porcentuales desde principios de 2019, cuando, el gobierno, abrumado por el desabastecimiento, la inflación y su impopularidad, decidió ensayar cambios significativos en algunas políticas económicas: Liberar los precios, la circulación de las divisas y reducir los aranceles. Acto seguido, los empresarios invirtieron, unos en importaciones y otros en producción, llenando así los anaqueles. Estos cambios coinciden con la mejora de la percepción de la “Situación Personal” desde principios de 2019, la cual puede explicarse en función del mejoramiento en la situación económica del país y de algunos cambios en la situación político-electoral. 
Si bien, los principales problemas del país siguen siendo los socioeconómicos, la inflación, el peor de ellos, se ha reducido sistemáticamente desde que se aplicaron las políticas señaladas. A su vez, estas políticas han sido acompañadas por la moderación de la mala práctica de emitir liquidez sin respaldo, de allí que los crecimientos mensuales de la liquidez y de la inflación se hayan reducido. Esta modesta mejoría también se explica por un alto encaje legal bancario. Sin embargo, si bien esta medida contribuye a reducir la liquidez, la devaluación y la presión inflacionaria; paradójicamente, también contribuye a mantener la inflación porque reduce el crédito bancario y, con ello, la inversión y el crecimiento de la oferta.
La caída del PIB también se ha moderado, cualquiera que sea el estimado que se tome como referencia, desde el peor, el del Fondo Monetario (-10%), hasta el mejor (+4%, del Credit Suisse Group). Las grandes diferencias en estos estimados no se pueden achacar a la ignorancia de los analistas sino a que no pueden medir una realidad que no conocen. Lo prudente es asumir que unas proyecciones se basan en unos supuestos y otras en otros. Por ejemplo, está circulando una creciente cantidad de divisas, tanto de origen conocido como desconocido. Lo cual coincide con que, si en noviembre de 2019, el 27% de los encuestados señalaba que “hacía alguna compra o venta en divisas”; en agosto 2021 ese porcentaje ya es del 61%. Y esto coincide con que el 80% está de acuerdo con que se adopte el dólar como moneda de curso legal. 
También se deben reconocer gestos políticos que se mueven en la dirección que las grandes mayorías prefieren: la recomposición del Consejo Nacional Electoral; las negociaciones en México, que superan el enfoque de la solución por confrontación e incluyen la liberación de presos políticos, la repatriación de exiliados, y una agenda de temas tan amplia que, si se cumpliera, equivaldría a un cogobierno. Además, se observa la incorporación creciente de partidos de oposición al voto.
Esta recuperación puede continuar avanzando en la medida que se avance en la liberación, privatización y apertura de la economía y en el entendimiento político. Por ahora, lo más probable es que los estimados más optimistas del crecimiento sean los más aproximados porque, si los pueblos se mueven, principalmente, por criterios socioeconómicos-utilitarios, por lo que en el país debe estar ocurriendo una recuperación económica impulsada tanto por lo que se ve como por lo que no se ve. De lo contrario, ni los mejores cambios políticos moverían a la ciudadanía a mejorar la percepción de su Situación Personal y el reconocimiento de líderes e instituciones. De esto se puede deducir que, si el gobierno se desprende de su ideología estatista, populista y colectivista y le suelta la rienda al empresariado nacional y extranjero estaría asegurándose su reelección en 2024, sobretodo si la oposición sigue desarticulada. Pero si sigue como va, tendría que seguir recurriendo al ventajismo electoral, para promover la abstención y apostando a que la oposición presente varios candidatos para volver a ganar. 

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