Otra encuesta por Ysaira Villamizar

En  el año 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció la agenda 2030, definiendo un grupo de 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), con miras a que para esa fecha se alcancen niveles de progreso de las personas, el planeta y la prosperidad, buscando equidad y  sustentabilidad para toda la especie humana. Venezuela suscribió esos compromisos, cuyo principal desafío es la erradicación de la pobreza.


El secretismo ha caracterizado a este gobierno. Datos elementales como la producción petrolera, la producción aurífera, el monto real del presupuesto de ingresos y gastos, los índices inflacionarios, se exponen con dudosa claridad. Los índices de pobreza, los niveles de desnutrición y demás cifras asociadas a la calidad de vida de los venezolanos, son, evidentemente, ocultos o maquillados. La nula o poca voluntad para ejercer la competencia constitucional por parte del organismo contralor o de la asamblea nacional, han conducido a que las cosas se manejen entre penumbras.


Desde hace varios años, instituciones no gubernamentales han combinado esfuerzos para auscultar en cifras las realidades socioeconómicas que vive el país. La Universidad Central de Venezuela, La Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Simón Bolívar, desarrollan con rigor científico la encuesta de condiciones de vida, ENCOVI, y presentan públicamente los resultados de las investigaciones. El Informe es de fácil consulta; constituye una herramienta de primera línea para la comprobación de lo que ocurre en el país. Las cifras son dramáticas y, por supuesto, que en el contexto de esta nota, no serán expuestas en amplitud, aunque nos atreveremos a resumir un aspecto sensible de su comportamiento para el estado Barinas. El informe es el retrato de las consecuencias sociales acumuladas por la suma de años de errores, improvisaciones, omisiones de un gobierno que en mala hora, a  entradas del siglo XXI, acudió al ejercicio de un modelo político, económico, totalmente desfasado con las realidades del mundo y del país. Todo esto, con la práctica despiadada de la corrupción, aprovechándose de ingresos nacionales realmente descomunales.


“Una cosa es ver y otra es creer”, “No me lo imaginaba”, “¡Qué horror!”,  son, entre otras, expresiones de asombro que se arrancan a un público que recién está recibiendo información estadística seria acerca de las condiciones de vida de los venezolanos de los últimos tiempos, en las cuales se refleja la propia realidad de quien lee o escucha, y que despiertan compromisos de trabajo para reducir los porcentajes de vulnerabilidad de más del 90% de la población del país, sea cual sea la entidad territorial,  en aspectos como mortalidad infantil, inseguridad alimentaria, sea ésta leve, moderada o severa, acceso a atención médica, entre otros.


En ese contexto, por ejemplo, la encuesta Encovi revela para Barinas, cifras que, si no se revierten urgentemente, proyectan lo que será el futuro de la gente de este estado. Estas cifras seleccionadas tienen que ver con indicadores sociales relacionados con la alimentación, salud y sus repercusiones. Es importante aclarar que la mayoría de los estados reflejan el mismo comportamiento, salvo la capital y centro del país, con cifras menos altas, pero igualmente vergonzosas.


El porcentaje de hogares con inseguridad alimentaria en Barinas durante el año 2020, alcanzó el 99.6%  frente al 93.4% a nivel nacional; los hogares  con inseguridad alimentaria moderada o severa fue del 72,5% frente al  62.1  nacional; la tasa de mortalidad infantil (menores de 1 año) fue de  29 frente a 25  nacional; la tasa de mortalidad infantil de niños menores a 5 años, fue de 39 frente a 29 en el nivel nacional. Es de imaginar las múltiples relaciones que suponen estas cifras, tanto en sus causas, sus efectos y sus soluciones. Sin duda, estas cifras se traducen en el deterioro físico y mental de una población, cuyo ingreso promedio es muy insuficiente para acceder a la canasta básica, lo que sin duda lo llevará en algún momento a requerir asistencia médica, que en el año en estudio  sólo fue posible para el 22,7% de la población que en Barinas pudo pagar  atención médica frente al 15.6% que pudo hacerlo a nivel nacional. Por supuesto, no se  distingue el acceso posible gracias a la solidaridad colectiva.


Otras dimensiones entran en juego en esta situación multidimensional, multisectorial, como la producción, el desempleo, la inflación, los bajos ingresos, la escasez de combustible, la propia pandemia, lo que  exige un esfuerzo muy grande para superar este estado de cosas, conscientes de que aún no contamos con un estado humanista. La agenda 2030 piensa en cada uno de esos factores. Todos podemos consultar cuáles son esos 17 objetivos de desarrollo sostenible y sus 169 metas, elementos para un programa de gobierno de un estado puesto al servicio de la gente. 

Erradicar la pobreza en todas sus formas en todo el mundo; poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible; garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos y todas en todas las edades; garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos; fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo; reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos; garantizar las pautas de consumo y de producción sostenibles, son ODS que nos deben encontrar a todos unidos persiguiendo la justicia, la equidad, la prosperidad.


Para el  sentido común y la lógica, al observar el grave deterioro de nuestras condiciones de vida, este gobierno debe tener una derrota electoral el próximo 21 de noviembre, tan aplastante como lo es el rechazo que la población siente por el gobierno nacional o por sus gobiernos locales, vista y sentida en carne propia la realidad esbozada. Apelando a la sensatez, al sentido de la historia, la oposición fraccionada en decenas de organizaciones políticas, debe presentar un bloque unitario para enfrentar y derrotar al gobierno, respondiendo  al ideal  de la población, capaz de derrotar también la sistemática campaña abstencionista que viene desde el propio gobierno y también de algunos sectores opositores.


La encuesta Encovi, fotografía lo que ocurre en el país y en cada estado, constituye un documento esencial para asumir responsablemente una conducta clara, inequívoca ante estas elecciones venideras. Que no tengamos vergonzantemente que repetir por enésima vez, la autocrítica de los derrotados: “no supimos interpretar al país, no estuvimos a la altura del compromiso”.


Es una nueva oportunidad para reunificar y acumular fuerzas y continuar las luchas ante un futuro inmediato; la unidad es una necesidad, es una urgencia nacional para revertir tan dramática situación socioeconómica y poder abonar a la visión de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, la cuota que nos corresponde. Entonces estaremos actuando como  humanistas y cristianos, con los intereses centrados en el bienestar del hombre en el planeta, el país,  el estado, el municipio, la parroquia y la comunidad, intereses demostrados, no de una manera abstracta, sino expresados en acciones.

1 Comentario

  1. Excelentes tus escritos Concisos,Detallados verdaderos, Analíticos Reales de la Situación que los Venezolanos estamos padeciendo.Muy bien Amiga.Un gran Abrazo.Hector . Valero.

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