¿QUIÉN FUE VICTOR ROMBER? por Alberto Pérez Larrarte

¿Cuántas curiosidades, exageraciones, misterios, mitos y leyendas envuelven a nuestra historia patria?- Dijera que infinidades, por cuanto muchas veces ese mundo de anécdotas y cuentos se hacen verdades, y muchas verdades se convierten en mentiras; pero es fascinante cuando escudriñamos esa historia y esa vida de tantos héroes y heroínas, las que sus vidas se han mitificado en el verbo virtuoso y mágico de un narrador novelesco, este es el caso de Francisco Tosta García y su interesante obra: Los años terribles, de su colección  Episodios venezolanos.

El autor con habilidad novelesca narra y describe la vida de una gran heroína venezolana Estefanía Garguera, quien con su nombre se honra a una avenida de nuestra linda Barinas, desde tiempos del gobernador general Sálvano de Jesús Uzcategui y nombre dado por el jefe civil de su gobierno, el señor Domingo Antonio Villamediana.

Resulta que Estefanía Garguera era una hermosa Caroreña, mujer rubia, de ojos azules y de una esbeltez escultural que adornaba una larga cabellera, joven perteneciente a una de las tantas familias de la Carora colonial que no dudaron en ponerse al servicio de la libertad de la patria; pero eso les costó: sangre, dolor y muerte, cuando las tropas realistas comandadas por Monteverde, invadieron Carora, destruyendo y saqueando todo a su paso, Estefanía Garguera vivió y sufrió las consecuencias en carne propia,  su familia fue asesinada, pudiendo solo ella, salvar su vida.

Ese fatídico hecho le marcó para siempre, dejando a un lado sus sueños y sentimientos, se llevó en su corazón el amor por aquel joven patriota quien también huía de la feroz arremetida de aquellos años terribles.

Fue cuando entonces la hermosa joven decidió cortarse la hermosa cabellera rubia que serpenteaba airosamente sobre su cintura, cambio de vestido y de nombre, se hizo llamar Víctor Romber, pero se le apodó “El Inglesito”. Se alistó a las fuerzas del ejército Libertador y su valentía, lealtad y patriotismo rápidamente lo elevaron al ascenso de teniente y Víctor Romber o el Inglesito ya sonaban en las increíbles historias de heroísmo que abultaban su respetada hoja de servicio, en pro de la libertad.

Sus hazañas y proezas al mando de un puñado de lanceros le hicieron ganarse fama de valiente y de buen jefe, quién nunca flaqueo ante el reto, se cuenta que en Casanare, un oficial Neogranadino tuvo la ocurrencia de tocarle la cara y en sentido de broma decirle que parecía una mujer. No titubeo matándolo en el acto con un tiro a quema ropa.

Había corrido el tiempo cuando se encontraba con su tropa de lanceros en Villa de Cura, ya con el grado de coronel y todavía con su nombre de Víctor Romber y su apodo de El Inglesito.

Los patriotas estaban acantonados en las llanuras de Aragua bajo las órdenes del general Eusebio Mariño, para hacer frente al temible José Tomas Boves, quien venía de Calabozo con numerosas fuerzas de caballería e infantería.

Serian como las cuatro de la tarde cuando se ve en el horizonte de la sabana a un batallón en apuro, por cuanto ya había dado un recio combate y las cartucheras sin municiones lo dejaban indefensos.

El Inglesito, no vaciló en ir en auxilio del malogrado batallón de patriotas, quien con sus lanzas en mano fueron decididos de vencer o morir.

Fue tal la destrucción de las fuerzas enemigas que fueron mínimas las bajas del heroico ejército Libertador y el coronel Víctor Romber en medio de la refriega logra salvar la vida  del también afamado coronel Luis Reyes, el héroe de Güedeque.

Cuando pararon los fuegos y volvió la calma el entusiasta coronel Reyes va a dar las gracias a “Él Inglesito”, quien le había salvado la vida, su asombro y sorpresa fue tal que al mirarse a los ojos, hubo silencio, discreción y sonriendo con fingida indiferencia y mirada cómplice, hace que ella siga la marcha al frente de su escuadrón de lanceros; pero el no pudo contenerse y clavó las espuelas a su caballo, la alcanzó, y apartándose junto a ella, le dijo: -Estefanía, son tantas las cosas por hablar, dejemos a un lado los escrúpulos y fingimientos. Te debo la vida y eres la vida misma.

Estefanía como luchando contra sus íntimos sentimientos y vencida, por los femeniles impulsos del corazón, solo llegó a decir:

Recuerdo que te llevaron un día a casa en camilla y moribundo con gran renombre de valiente y realzado por la fama en la acción de Güedeque; en una palabra y para decírtelo pronto, te -asistí, te salve y te amé con delirio, como no puede amarse sino una sola vez en la vida: he ahí todo lo que recuerdo. Y cuando una mujer como yo ama, ese amor tiene que ser indestructible y eterno. Entraste en mi corazón y de él no has salido ni saldrás jamás.

¿Qué le importan al verdadero amor las trabas y las ligaduras sociales? Ellas pueden ser muy justas y muy correctas; pero esté género de afecto es autónomo, libre e ingobernable. Rompe costumbres, quebranta leyes, se sobrepone a las cortapisas civiles y religiosas y lo domina y avasalla todo.

¡Contigo se fueron mis ilusiones doradas, mis ensueños color de rosa, mi felicidad y mi vida entera!

Todo concluyó para mí; pero en el fondo de la abrumante tiniebla, siempre miré como lejana antorcha, nuestras frases de despedida que grabadas quedaron en mi mente, como una esperanza ajena y remota. Todo lo he hecho por tu amor, tomé la lanza y la carabina, que ya en mis manos estaban desde la destrucción de mi hogar por Monteverde. No pudiendo hacerme monja, continué de guerrillera patriota, que si no era lo mismo, me llevaba por lo menos al mismo fin de buscar la muerte como el mayor alivio para mis penas. Te aseguro, Luis, por mi honor y por las cenizas de mis padres, que la he buscado muy de veras en cien ocasiones; más he tenido la desgracia de que las lanzas y las balas enemigas me hayan respetado hasta ahora. En cambio he conseguido preclaro renombre como valiente, haciéndose célebre y popular Víctor Romber, ósea el Inglesito. No he podido ser tu compañera en el hogar, pero seré tu hermana en la gloria.

— concluyó con amarga sonrisa y con los ojos humedecidos. — Supe, que te casaste con Carmen requena.

Luis, recuerda siempre que las mujeres aceptamos todo del hombre amado, menos el olvido.

El coronel Luis Reyes se sintió anonadado, cohibido y perplejo, sin hallar que responder.

Cada uno en silencio continuó su camino. Estando ella por Tacarigua, se topa con la horrorosa y salvaje matanza hecha por las hordas realistas a la emigración, que salió con ocho mil personas de Caracas, siendo reducida a casi menos de la mitad.

Todos los hombres fueron pasados a cuchillo, tocándoles igual suerte a las mujeres después de haber sido vejadas.

El atroz hecho fue cometido por un tal Emeterio Cienfuegos, acompañado de 80 forajidos que le seguían. Siendo asesinados los padres, esposa e hijos del coronel Luis Reyes.

El Inglesito al enterarse que iba la familia Reyes- Requena, juró con indignación, -que cueste lo que cueste el iría tras esos bandidos-. No, sin antes darle cristiana sepultura.

A pocas horas después en encarnizado combate el coronel Víctor Romber y sus lanceros le dieron muerte a los forajidos y su lugarteniente Emeterio Cienfuegos, fue torturado y llevado a la horca.

Pasó el tiempo y estando la ciudad de Barcelona cundida de dolencias, lágrimas, enfermedades y miserias, por la desatada guerra a muerte. El coronel Luis Reyes en sus tribulaciones, delirante de hambre y sed, solo deseaba ver a Estefanía.

Le venía a la mente como eco ensordecedor las palabras de su amigo y confidente, el coronel Rufino Peralta: «tienes que vivir para la Patria y para esa noble y generosa mujer a quien tanto debes. Estefanía Garguera es el candor de tu nueva vida».

Estando en Cumana el destino los unió nuevamente y para siempre, despojados de secretos y obstáculos. Ella se vedó su nombre y cambio su traje de coronel y abrió al mundo su corazón, jurándose eterno amor.

Volvió a ser Estefanía Garguera, la hermosa y exuberante mujer, enterró a Víctor Romber, “El Inglesito”. La invicta caroreña, que, a caballo y lanza en ristre, era capaz de resistir las más furiosas hurgas de los dragones españoles, como lo había demostrado en más de un recio encuentro, se rendía ante el más sublime amor.

Alberto Pérez Larrarte Cronista Oficial del Municipio Barinas

1 Comentario

  1. Girones épicos de nuestra guerra de Independencia, responsables de mantener vivos en el corazón del pueblo, cuando parecían languidecer, las ideas de patria y Libertad. Cuántos cubiertos por la ignorancia y el olvido, ya irrecuperables. Gracias,cronista, una vez más.

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