Reflexiones electorales por JOSÉ ANTONIO GIL YEPES

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La ocasión es propicia para sacar moralejas de los procesos electorales. No funciona tal cosa como que “no reclames nada porque esto está ganado”. Esta conseja la aplicó la oposición en el revocatorio 2003-4 y  el resultado fue fatal: Chávez tomó muchas ventajas y recuperó 54 puntos para ganar por 16. Otra conseja complementaria: “si se denuncian las trampas del contrario, se desestimula a los votantes” tampoco funciona porque la gente no es tonta, igual se desanima. Aceptar postergar las elecciones regionales, cuatro cambios de fecha, ir sin cronograma, la convocatoria de una Constituyente que no es poder electoral, ir sin poder elegir diputados regionales, sin votos en el exterior, tolerar reubicaciones de centros electorales, el uso del tarjetón que confundía las candidaturas, el reparto de CLAPs y uso de cadenas para propaganda oficialista, etc., y todo ello sin una profusa campaña de opinión y gestiones internacionales que pusieran de manifiesto estas injusticias no pagó: Si el gobierno sacó unos 4MM de votos en la Constituyente y 6,3MM para gobernadores, subió 2,3MM; mientras que la oposición sacó 7,4MM en el Plebiscito y ahora obtuvo 5,3MM, bajó 2,1MM. Tampoco pagan reclamos mal fundados como el “fraude” de 2004, o hacerlo sin las pruebas en la mano, o no dar la cara para explicar el cambio de estrategia entre protesta y elecciones en 2017.

Son componentes clave de un triunfo la articulación de cada competidor, una oferta atractiva, una estrategia clara y un plan de trabajo sistemático para movilizar, buscar votos y defenderlos. Y, en esto, otra vez, el oficialismo superó a la oposición. Desde 1999, la oposición ha manejado el problema de su atomización buscando coordinar a decenas de partidos a través de Coordinadoras. La idea ha rendido frutos, pero con ineficiencias porque es difícil poner de acuerdo a 30 partidos y a varios precandidatos presidenciales. Luce hora de probar que cada partido trate de ganar elecciones por su cuenta creciendo en identificación partidista a través de una estrategia menos esporádica, política y electoral, y más de acompañamiento socio-económico permanente

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