El temple de Hilda Abrahamz

474

Canaima: listo. Chalanas: listas. Equipo técnico: listo. Maniña Yerichana: al borde del colapso. Hilda Abrahamz no hallaba dónde meterse durante las grabaciones de los primeros capítulos de Kaína. “César Miguel Rondón me había explicado que este papel era muy importante porque el peso de la historia lo llevaba yo, a pesar de que no era formalmente la protagonista. Esa mujer era entregada, apasionada, un torbellino, y yo estaba muerta de miedo porque, a pesar de que sé que tengo una imagen de mujer sensual y de que había hecho de muchas villanas, soy sumamente tímida”. Estuvo a punto de renunciar. “Siempre he sido muy dura conmigo misma y le decía al director: esto no me sale, no puedo”. Cuando finalmente siguió el consejo de “sentirla y no actuarla”, floreció el personaje que terminó de catapultar su carrera actoral, esa que empezó en 1981, después de haber representado a Venezuela en el Miss Mundo 1980.

A pesar de que recuerda a Maniña Yerichana como su mejor regalo, aún hoy confiesa que la timidez no se le ha quitado. “Lucho con eso siempre, pero al final me impongo. Exponerme al público es mi forma de sobreponerme, de sanarlo. Los personajes que más me gustan son los más caracterizados porque me siento bien disfrazándome y escondiéndome, pero cada papel que he hecho me ha ayudado a abrirme más”. Un programa de radio con su nombre en Pacífica 90.7 –de lunes a viernes,  2:00 a 3:00 pm, dirigido por Daniela Graterol y producido por Vanessa Alves– le ha servido para aprender a desenvolverse sin guión, en un espacio en el que habla desde tecnología hasta belleza. “Me atreví y me encantó”, dice orgullosa. Ese entrenamiento le vino como anillo al dedo en Las locutoras, comedia teatral en cartelera en el Centro Cultural BOD, que comparte con Tania Sarabia. En ella interpretan a dos señoras de Calabozo con un disparatado magazine. “Está hecha como un total divertimento para la gente, cero drama”, explica. Tras este compromiso saldrá de gira con Esperando al italiano, montaje con el que actuará en escenarios de Estados Unidos y Europa.

Además de participar en un par de escenas de La noche de las dos lunas –la nueva cinta de Miguel Ferrari después del Goya por su Azul y no tan rosa–, la actriz iniciará la grabación de una serie juvenil con elementos de magia en la que interpretará a una casi villana, llamada Madame Ponzoña. También está preparando para el año que viene su show unipersonal: Yo soy Hilda Abrahamz, espectáculo en el que cantará, bailará e interpretará varios sketches. “No es autobiográfico, sino que habla del día a día de una actriz. Quiero que sea un café concert de comedia muy ligera porque me encanta hacer reír”. En la misma agenda lleva anotada una conferencia gratuita en diciembre con el zuliano Willner Torres sobre técnicas para vencer el miedo escénico y su plan de volver a dictar talleres de actuación. “En este momento estamos ávidos de obtener nuevas herramientas para superar la crisis y pensar en positivo”. A través de sus redes promueve causas para obtener recursos que se destinan a los menos favorecidos. Y aunque es de las que piensa que la mano izquierda no debe enterarse de lo que hace la derecha, sabe que su credibilidad exhorta a que ayuden muchas más manos, no solo las suyas. “No me quiero ir de mi país porque creo en él y porque no estoy de acuerdo con seguir cediendo espacios. Creo que todo lo que uno haga, sea actuar o limpiar vidrios, debe hacerse con integridad y amor”.

El arte de cachetear

Hace unos meses, la cuenta humorística en Instagram @9Gag –con casi 42 millones de seguidores en todo el mundo– causó sensación con una recopilación de cachetadas estampadas por la actriz a través de los años. Su certero dominio del bofetón –con un saque amplio y potente desde atrás, como de tenista– debe tener, ciertamente, algún método. Hay quienes la llaman la Mike Tyson de las telenovelas y muchos actores novatos no saben si angustiarse o sentirse honrados de ser sus “víctimas”. ¿Cómo lo hace?

“La verdad es que mucho de una buena cachetada tiene que ver con una edición bien hecha y también con que el otro actor sepa reaccionar. Yo no sabía que le había pegado a tanta gente hasta que vi ese video”, dice risueña. “La mayoría son cachetadas de Mi gorda bella: mi personaje se llamaba Olimpia y fue agotador porque todos los días ella agarraba una rabieta distinta”. Asegura que los tortazos nunca han sido reales, salvo uno. “Cuando estaba haciendo una de mis primeras novelas, un actor me pidió que lo abofeteara de verdad. Le advertí que no era buena idea porque sé que tengo la mano pesada. Él insistió mucho porque quería una reacción natural y yo no quería, pero se la di”, cuenta entre divertida y apenada. “Le volteé la cara”.

 

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here