Tu basura es mi basura y mi basura es tu basura Por Claudio Nazoa

He decidido escribir una serie de artículos sobre los servicios públicos y privados. El de hoy, quizás, es uno de los más difíciles de tratar. Conversaremos sobre el aseo urbano, servicio encargado de limpiar las calles y de hacer desaparecer la basura. La basura es también una palabra que en ocasiones es utilizada como un insulto de marca mayor en casos de odio extremo, como por ejemplo: “Fulano de tal es una basura”. Después de tamaña ofensa, no hay nada más que agregar.

Basura es una palabra desprestigiada y difícil de explicar, ya que no es una cosa como tal, es la sumatoria de muchas cosas inservibles y feas, que fueron producidas y desechadas por el hombre. La basura son pocas o millones de cosas inútiles de diferentes tamaños, orígenes y formas, que consideramos despreciables; puede estar apilada, encontrarse revuelta y muchas veces ser mal oliente. Cuando aparece, nadie quiere tenerla a su lado.

La basura estorba y desaparecerla es difícil aunque resulta sumamente fácil que vuelva a aparecer. Da la sensación de que se reproduce, se multiplica y si no hacemos nada por evitar su acumulación, perjudica al medio ambiente y a nuestra salud. Lo cierto es que a veces no sabemos de dónde sale tanta basura. Queridos lectores, ¿se dan cuenta de la magnitud y complejidad del tema de hoy?

Hay quienes dicen que la basura es un tesoro, ya que al ser reciclada se convierte en un gran negocio, pero lo del reciclaje será tema para otro artículo. Hoy quiero concentrarme únicamente en el servicio de aseo urbano, el cual es el encargado de limpiar y recoger un aproximado de un kilo o más de basura, que todos generamos a diario.

Recoger la basura es un trabajo difícil. Realmente difícil. Mantener una ciudad limpia es una de las labores más loables y a la vez, complicadas, despreciadas, añoradas, olfateadas, incomprendidas y vilipendiadas. Ser recolector de basura es uno de los oficios más importantes y por paradójico que parezca, digno, admirable, respetable e indispensable. Sin embargo, casi nadie o muy pocos lo reconocen.

La basura es como la corriente de un río: pasa, pero siempre está allí. La dejo, se la llevan y mañana, basura nueva vuelve a estar allí, porque la volvemos a dejar y se la vuelven a llevar. La recolección de la basura debe ocurrir a diario, de manera cíclica e infinita, para garantizar que siempre desaparecerá. Un buen servicio, si es bueno, es invaluable.

Muchas veces, lo recolectores de basura no son bien vistos por las personas a quienes benefician. Si trabajan de noche, a los vecinos les molesta el ruido. Si lo hacen de día, el camión es un estorbo porque además de hacer ruido, tranca momentáneamente el tránsito y a su paso dejan un olor desagradable.

El señor o la señora que barre nuestra calle, en silencio, recoge meticulosamente todas las basuritas pequeñas que, con o sin intención, botamos todo el tiempo. El barrendero es un ángel a quien casi nadie ve ni saluda. Es un viento que sopla llevándose el polvo. Un mago extraordinario que con su profesionalismo logra desaparecer esos estorbitos que vamos dejando, con la ayuda de un cepillo y de un pequeño pipote.

Con la basura pasa algo curioso, como es fea, pensamos que hay que pagar poco para que la alejen de nosotros. Tu basura se convierte en mi basura y mi basura se convierte en tu basura, cuando los dos colocamos una bolsa llena de ella en algún lugar público.

Cuando el servicio de limpieza y recolección es bueno, la gente da por sentado que ocurrió de manera mágica, que se hizo solo, algo tan absurdo como creer que a la basura le salieron paticas y se fue caminando. Nadie habla de ella ni para bien ni para mal hasta el día en el que, a final de mes, llega la factura y debe pagarse lo justo, no menos ni más por el servicio. Con gusto debe pagarse lo justo, porque la satisfacción de recibir un buen servicio tiene un precio.

Si tu calle está llena de pequeñas basuritas y grandes basurotas que se van acumulando porque más nunca nadie las barrió, te sientes incómodo, te da rabia y tristeza. Eso ocurre porque hay un mal servicio y aunque el recibo sea barato o no exista, tendrá el costo más caro que se pueda pagar. Qué difícil y paradójico es esto de comprender que cuando las cosas son buenas y funcionan, la gente no habla de ellas.

Para no hablar de basura, tenemos que cancelar lo que cuesta un buen servicio, lo que a su vez permitirá pagarle a miles de hombres y mujeres quienes, de día y de noche, con el uso de tecnología y equipos, ofrecieron su cariño y su trabajo para que logremos vivir en un lugar más limpio y bonito.

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