DOS ABUELOS NOVATOS Y SU NIETA DE TRES AÑOS HACIENDO TURISMO DE LOCURA EN ESTA VENEZUELA
Por Adriana Dréyer R.

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Nos dispusimos a salir de Barinas, felices, rumbo a nuestra nueva aventura en los Andes, cuando estamos abriendo el portón de la casa, recuerdo que no cargamos papeles de la bebé, hijo busca  la partida de nacimiento por si acaso, en una alcabala no es suficiente que colgada al cuello me diga abuelita. Nada que consiguen la partida, mamá, llévense el pasaporte, listos rumbo a la montaña como ella dice, “abuelitos llévenme a mis vacaciones de la montaña” .

Hacemos el balance que hace ahora todo venezolano, el abuelo: yo llevo los dólares y tu  lleva los bolívares, en tarjeta por supuesto porque en Venezuela no hay efectivo,  en efectivo ni un chocolate alcanza para comprar, sí perfecto.

Llegamos  a la Trucha azul, Adriana paga la primera noche, el MONEDERO, ¡Santo Dios! dejé el monedero en Barinas, nos íbamos a traer a la nieta indocumentada y se vino la abuela hasta sin cédula y ahoraaa??? Transferencia. ¿Y lo demás que hay que pagar? Primer comodín llamar al hijo, papito tú tienes que me prestes? Nuuu mami lo cambie a dólares antes de que se me devalúe, déjame pensar, “te bajo pago móvil directo del banco y me transfiero a mí para que caiga de una vez, y yo le transfiero a mi papa directo de Mercantil a Mercantil”, ok, primer bache solucionado, nos vamos a la habitación, nos instalamos, la bebé revisa  todo, yo acomodo la ropa que trajo la nieta, el triple de lo necesario, como siempre las mujeres, y en eso dice Verónica, abuelita quiero agua, vaya y abra la nevera allí hay una botellita, Auxilio abuela !!!! Una chiripa, la superabuela al rescate, chancleta en mano, pero se me escapa, saco  la neverita, sorpresaaaaa un nido de animalejos, 18 chiripas corriendo por todo el cuarto, dele chancleta pareja. El abuelo: “ya llamo para irnos de esta vaina, que nos cambien la habitación”, otra vez, ¡Santo Dios! a recoger y hacer maleta de nuevo, el abuelo recoge  la bolsa donde no sabe que están el whisky, el vino y el brandy, porque abuelos venezolanos que se respeten se toman sus traguitos, la abuela whisky, el abuelo vino tinto, y en la laguna de Mucubají brandy los tres, que digo, los dos, pleno páramo y el  friito , ahhh bueno, carga los bolsos, la maleta, los juguetes y la bolsa se le deslizaaaa peligrosamente entre las manos y cae en terrible estruendo al piso y se rompen las botellas, otra vez  ¡Santo Dios! , el vino tinto inunda con dolor todo el piso como si hubiese ocurrido un crimen sangriento. La abuela grita, rompiste todoo, ahora que tomaremos, jajajaja máxima preocupación, ahora cómo limpio, todo este desastre y con las toallas blancas, y de noche, cómo dejamos esto así, se van a emborrachar las chiripas, entonces el abuelo, el héroe  de la quebrazón de botellas, se quita valientemente su franela negra y dice, con esto mi amor.

Bueno el mi amor no fue suficiente para tener que limpiar aquel piso en declive, se fue el vino y las otras bebidas espirituales debajo del sofá. Y la tristeza etílica en el corazón.

Ya limpio todo y triste por la pérdida, nos vamos al lejano lobby al que se llega en carro solamente, del edificio nuevo al edificio viejo de la muy desolada y menguada Trucha Azul, porque la parte vieja esta inhabilitada.

Los vamos a cambiar a otra habitación dice la chica, no hay problema, justo nos devuelven al mismo edificio, al piso de arriba, sin ascensor, otra vez maletas , nieta en ancas y bolsos arriba.  Todo eso porque no hay cobertura , ni comunicación  en la montaña. Otra vez !Santo Dios!

Ya cansados nos disponemos a dormir, nos ponemos los pijamas y la nieta dice, vamos a jugar, no tengo sueño, mmmmm, cantos, muñequitos en la tele, nombres de animales, cosquillas, 1 am tratando de dormir al angelito.

Amanece un nuevo día, desayunamos y nos vamos a la Truchicultuta ,  allí aprovecho para botar la bolsa de los vidrios rotos, porque ahora no hay basureros en ninguna parte, allí sí, uno vacío y limpiecito, dejo la bolsa, compramos, le damos de comer a las truchitas con la nieta, y nos vamos rumbo a la Laguna de Mucubají, 20 minutos después la abuela dice, ¿no podremos comprar una carterita de brandy?, no te preocupes, contesta el abuelo, esa botella, la de brandy, no se rompió porque estaba en su caja, ayyyyy papá boté la botella de brandy en la basura junto con las rotas, tras la respectiva discusión, a devolverse al basurero a recuperar al Gran Duque de Alba, se baja Humberto a registrar la basura, jajajaja, si alguien lo vio, diría así está la situación, mira el señor revisando la basura. Para celebrar que estaba allí intacta esperándonos nos tomamos un palito o dos, ahí mismo al lado del basurero.

Ahora sí, rumbo a La Laguna, disfrutamos mucho, fotos, pastelitos, fresas, chocolate caliente, chupetas.

Cuando bajamos nos paramos a comer en un Restaurant que tiene una bella laguna al frente con fuente en el centro, frente al viejo Hotel Moruco , no sé su nombre, comimos rico, pero para pagar, el punto no sirve, transferencia … unos 5 intentos porque mientras esperas la clave, se cae la conexión, yo le digo al abuelo: cuida a la nieta mientras me concentro en esto, 15 minutos después , abuelitaaaaa entra corriendo Verónica, el abuelo se sentó en una silla y la silla se dio una voltereta , jajajajaja, este viaje está embrujado, pensé.

Bueno no pasó nada, el hombre salió ileso del encuentro con la grama. Logramos hacer todo y rumbo al Hotel, sacudiendo a la nieta para que no se durmiera, y esa noche nos acostamos temprano.

Fue un feliz paseo de dos abuelos novatos y su única nieta, haciendo turismo de locura  en nuestra atropellada Venezuela .

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