Foto: Pedro Emilio Sánchez, Isabelita Aparicio, Rafael Ángel Aparicio, Benilde González, Isabelita Sánchez de Caruci, German Fleitas Beroes y Valentin Caruci

Valentín Carucí: “turpial de la serranía que aprendió a cantarle al llano”…

Del paso de San Antonio

al viejo Cajón de Arauca

recogió versos y rimas

y aprendió a tocar maracas

                            Aurora Díaz de Sánchez

El 03 de este mes de septiembre se cumplió un aniversario más de haber emprendido mi compadre Valentín Caruci su viaje hacia regiones infinitas. Tomó el tren del destino en tierras bonaerenses, entre pampas extensas, cumbres de nieve y ríos de plata; no han podido descansar sus restos en la amada tierra larense que lo vio nacer y a la que algún día estoy segura, si en los otros espacios también se sueña, aún anhela regresar.

         Fue un eterno cantor. Teje sueños, conjuga esperanzas, ahoga pesares, mantiene viva la inspiración y aquerencia a sus “muchachitos” y “muchachitas” repartidos en cualquier lugar a donde llevaron su corazón venezolano.

         Jamás podré ver enlutada su figura querida, icónica, de entendimiento y realidad universal que con su empeño contribuyó a que el resto del mundo ubicara a SACVEN en esa minúscula extensión territorial, inmensa en sentimiento llamada Venezuela.

Tal vez por eso hoy quiero compartir con Ustedes una cartica que una vez le dirigí, como al desgaire…

Barinas, 30 de Diciembre de 2012

Querido compadrito:

Aquí estoy, sentada en mi corredorcito, donde me encuentras casi siempre. Es de madrugada, y la  nostalgia familiar se me alarga mientras escucho el rumor del agua cayendo lentamente en el tanque, y mi imaginación “La Loca de la Casa” según Jardiel Poncela, quien dice a su manera lo que en su oportunidad definiera alguna de las Juanas poetisas al referirse a la imaginación; entonces,  regresa a ese rato nocturnal, después que despedimos a los amigos que nos visitaron desde tierras maracuchas, e iniciamos ese  intimo coloquio, el que entre nos llamamos “La Despedida del Baile”, al que solo concurre la familia del alma, y compartimos una vez más, retazos de esperanzas, girones de recuerdos, puñados de alegría…

Tu y mi comadrita Chavela me contaron de tu libro, me narraron tus vivencias y anécdotas que lo enriquecen, y dibujaste, nítida, la audacia de un niño  que jopeaba chivos en tierra larense, para, aferrado a UNA LOCHA, viajar a un mundo nuevo, Valencia, hermosa, desconocida y deslumbrante, que te aquerenció por muy corto tiempo, como preparándote hacia tu permanente y gran destino: Caracas.

Algunas veces la violencia y la maldad vuelven feroces a los hombres, que desesperados por no haber tenido los arrestos de sacudirse el yugo que los atenazaba, encontraron en la muerte del tirano que los atormentó, no solo la liberación de su presencia, sino de las fuerzas que desataron sus furias animales… Apenas adolescente, fuiste testigo de cómo el odio y el resentimiento puede convertir en una turba asesina, a la que hasta entonces había sido una pacifica población.

…Abordaste el tren, cambiaste de paisaje, y ya en Caracas, se inició tu baquianía por los barrios, lugares y gentes que te impulsaron a ser quien eres.

Cómo sería la experiencia de aquel muchachito campesino, conversando en la Plaza Bolívar con “Leo” (Leoncio Martínez), y después, estimulado por él, iniciar el primer negocio de tu vida: Vender su periódico y ganarte un centavito en cada ejemplar, además, con la obligación de asistir a clases nocturnas para aprender a leer.

Conociste los barrios, distinguiste los olores, adivinaste en el rostro de la gente sus sentimientos, y captaste en el aire la música que alimentaba sus espíritus. Desde entonces, esa melodía anda contigo, no sé si como carcelera o como compañera, pero mantiene una pelea armoniosa en ti, quizás por eso, brotan y fluyen, y fluyen, tus canciones…

Cuantos años han pasado, Compadrito, desde que Chavela, mi cuñada, amada compañera de tus días y celadora de tus noches, en unos versos sentidos, te definió como un “turpial de la serranía que aprendió a cantarle al llano”… y tan le seguiste cantando, que tu descendencia original se multiplica en nietos, bisnietos e hijos afectivos que se extasían mirando la sabana, o absortos, frente al mar…

Ahora eres viajero impenitente, recorres el mundo como símbolo de los autores y compositores de nuestra tierra, y en cada lugar encuentras paisajes similares a los que te inspiran, y hombres tal vez con diferente construcción fonética en su expresión, pero con iguales anhelos, por lo que te acompaña la certeza de que, iguales somos ciudadanos del mundo, convencidos de que cuando pones un pie fuera de tu frontera, todos andamos en busca de lo mismo: la armonía universal que se expresa en tu música.

Por eso, conseguiste paraulaticas llaneras en Dublin, repicando campanitas de plata en sus trinos, y así en cada país que visitaste, dejaste el testimonio de tu agradecimiento en una canción que hiciste especial para cada lugar y para su gente, tal vez llevando en cada una, la mirada tendida sobre un camino largo y añorado, pleno de amores viejos, matizados de endrinas, aquí, en el llano, desde donde caracolas cargadas de vientos de ternura, viajan en el azul, azul lejano…

Tu comadrita,

Aurora Díaz de Sánchez

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