Venezuela 2020
por Humberto Ojeda Gudiño

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En Diciembre de 2018 estábamos desalentados, deprimidos, pensando que pasarían muchos años antes de ver una nueva reacción del país en respuesta a la muy mala situación que pasábamos.

Llegó la nueva directiva de la Asamblea Nacional y en cuestión de días Venezuela volvió a las calles y puso en jaque al régimen.

Hoy estamos como estábamos en Diciembre de 2018 en lo relativo al desánimo y a la depresión colectiva.

Pero no es la misma situación, ni de lejos lo es.

En el 2019 alrededor de la Venezuela democrática se construyeron fortalezas que no tenía  y que están intactas.

La primera, el apoyo internacional, cerca de 60 países reconocen a la Asamblea Nacional como la única institución legítima y desconocen a quienes ocupan Miraflores, además ese reconocimiento está organizado y se ha mantenido presente en varios foros, La Unión Europea, La OEA y el llamado Grupo de Lima.

Luego viene el tema de las sanciones a personeros del régimen y al propio Ejecutivo, que, aunque puedan también perjudicarnos o no gustarnos a todos, sin duda constituyen plomo en  el ala para cualquier Gobierno.

Finalmente está la situación interna del país que ha empeorado a niveles alarmantes.

Los venezolanos hoy estamos más descontentos que hace un año y nadie cree que esta gente pueda, ni queriendo, que no quieren, enderezar el rumbo y llevarnos a una ruta de mejoría sostenida y sustentable.

Lamentablemente, hubo errores, faltas y, al parecer, hasta tropelías, por parte de un Grupo dentro de la estructura de liderazgo de la oposición.

Quienes así actuaron deben ser separados y excluidos. Hay que terminar de quitarles la careta y mostrarlos tal cual son.

En ese sentido hace falta una posición más clara de la mayoría del liderazgo opositor que sí tiene un verdadero compromiso de principios con Venezuela. Se han quedado cortos ante las evidencias presentadas, tanto las que soportan las acusaciones como las que se han manifestado en la conducta  y proceder de algunos implicados, que ya, abiertamente, le coquetean  y le hacen el juego al Gobierno.

Quizás están esperando los resultados del 05 de Enero, cuando se elegirá la nueva Directiva de la Asamblea Nacional, para actuar enérgicamente contra los traidores, que ese día con total impudicia mostraran sus caras.

En todo caso, y lo resaltamos, el país espera las medidas profilácticas del caso, unas que tracen de manera muy clara un cordón sanitario dentro de la oposición.

Sin eso, no habrá apoyo popular. Es un requisito que se tiene que cumplir.

Ahora bien, dicho lo anterior, también hay que decir que es un despropósito generalizar la lamentable condición humana de un grupito a todo el liderazgo democrático. Hacer eso, siguiendo como corderos al lobo disfrazado de pastor que nos incita a ello  a través de una  multimillonaria campaña de manipulación de la opinión pública, es el equivalente a hacernos un harakiri, la puñalada mortal y final, como nación y rendirnos, capitulando sin condiciones, a quienes, después de haber acabado con el país, pretenden todavía capitalizar para ellos sus restos, hasta que no quede nada.

Si, como se espera, Guaidó es electo de nuevo como Presidente de la Asamblea Nacional, tendrá que presentar  al país una nueva ruta seria, realista, muy clara y plausible; deberá asumirse como el líder de toda la oposición y ya no más como el designado por una organización política particular, mucho menos como alguien tutelado por otros.

Cumplido ese requisito, los venezolanos tendremos entonces que tomar nuestra decisión  y resolver la disyuntiva entre apoyar la nueva propuesta o seguir practicando a tiempo completo la política en Twitter o facebook, dirigida por 2 o 3 influencers que, sirviendo a algún interés particular mas no popular, lo único que hacen es criticar todo y calumniar a quien se les atraviesa.

Si los tres factores o requisitos mencionados se dan, entonces, y solo entonces, tendremos, de manera inmediata, dada la vigente estructura de apoyo mencionada al principio, la posibilidad de volver a establecer un frente vigoroso de lucha democrática que nos lleve a forzar un entendimiento que nos conduzca a una salida democrática.

De lo contrario, habrá que resignarse definitivamente a vivir en un país sin luz, sin salud, sin medicinas, con una cada vez más mediocre educación, con una economía destruida, donde todos nos convertiremos en vasallos de 15 o 20 tipos que terminarán adueñándose impunemente de todo.

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