Venezuela castigada por la inflación EDITORIAL DE EL NUEVO HERALD

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Si alguien todavía duda que la economía venezolana ha tomado un camino desastroso bajo la dirección del gobierno de Nicolás Maduro, debe leer el pronóstico que el Fondo Monetario Internacional (FMI) divulgó este lunes.

El FMI proyecta una inflación anual en Venezuela de 1,000,000 por ciento (sí, leyó bien: un millón por ciento) para fines del 2018.

Según el organismo, el déficit fiscal en Venezuela continuará “financiado enteramente mediante expansión de la base monetaria”, es decir, mediante la emisión de bolívares.

En otras palabras, el presidente Maduro seguirá imprimiendo billetes y posiblemente aumentando artificialmente los salarios mínimos, sin el respaldo de un saludable desempeño económico.

La realidad que Maduro se empeña en ignorar es que la economía venezolana es una ruina, y ya el FMI ha advertido que para este año se teme una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) del 18 por ciento. La baja está causada en gran medida por la reducción de la producción petrolera.

El país con las mayores reservas de hidrocarburos del mundo está hoy empobrecido y dependiendo de precarios tratos comerciales para mantener a flote lo que queda de su economía, gracias a las disparatadas políticas del sucesor de Hugo Chávez.

El derrumbe económico ha creado una aguda escasez de alimentos, medicinas y productos básicos que ha obligado a los venezolanos a sobrevivir sufriendo penurias, en un país que antes era uno de los más prósperos del hemisferio.

La crisis también ha causado el éxodo de 1.6 millones de venezolanos solo en los dos últimos años. De ahí que el desplome de la economía de Venezuela también tiene un efecto considerable en los países vecinos.

Según las autoridades colombianas, más de un millón ha entrado en el país vecino huyendo de la catástrofe chavista. Y en los dos últimos años, Perú ha recibido a más de 350,000 fugitivos de la desastrosa política que Maduro lleva a cabo.

La situación en Venezuela es insostenible, y sus repercusiones llegan a buena parte del continente. Los países cercanos, en especial Colombia, están haciendo grandes esfuerzos para acoger a los inmigrantes, pero si el éxodo crece necesitarán ayuda internacional.

Para salir de la crisis en Venezuela, varios economistas han señalado que el Estado debe incentivar la producción de petróleo, respetar la actividad empresarial privada para eliminar la escasez de los productos de primera necesidad, y suavizar los controles monetarios para lograr un tipo de cambio que no cause distorsiones a la economía. Con esas medidas, se podría aliviar gradualmente la crisis económica.

Sin embargo, Maduro no se muestra inclinado a tomar la senda de la razón. El gobierno intenta frenar la subida descontrolada de los precios con más controles y fiscalizaciones. Pero el resultado de esas medidas restrictivas ha sido un aumento de la escasez y del costo de los productos de consumo.

La espiral inflacionaria va a causar un mayor grado de desesperación entre la población, un aumento de la emigración hacia los países vecinos y posiblemente un incremento de la actividad delictiva, que desde hace tiempo está entre las peores del mundo.

Maduro ha fracasado en su labor como gobernante. No entra en razones, no oye consejos, no quiere dialogar, asedia y reprime a la oposición, y no acepta la realidad de que las fórmulas que ha aplicado son las erróneas. La solución a la crisis llegará cuando Maduro salga del Palacio de Miraflores.

Entretanto, el pronóstico del FMI de una hiperinflación anual de un millón por ciento pende sobre Venezuela como una nube ominosa en el horizonte.

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