Y con ustedes ¡la vida eterna! por María Soledad Tapia

“Henrietta Lacks (HeLa): La madre de la medicina moderna” de Kadir Nelson, óleo sobre lienzo, 2017.  Colección de la Galería Nacional de Retratos Smithsonian y del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, Obsequio de Kadir Nelson y JKBN Group LLC. Fuente: https://www.si.edu/newsdesk/releases/national-portrait-gallery-presents-portrait-henrietta-lacks-co-acquisition-national-museum-

El 30 de noviembre de 2021, leí un interesante artículo en The Indian Express del Dr.  Partha P. Majumder, Profesor Distinguido del Instituto Nacional de Genómica Biomédica de Kalyani. India. Traduzco así el título: “Dar a Henrietta Lacks lo que le corresponde”. Su escrito es a propósito de muchas cosas por las que hay que reconocer y resarcir a la Sra. Lacks.

¿Y quién es Henrrieta Lacks? Antes de continuar les comento que Henrietta Lacks murió hace 70 años, pero se ha hecho eterna, y no por obras artísticas, musicales, literarias o por aquellas que usualmente permiten catalogar a sus autores como inmortales, a ellos y a sus creaciones. Sus obras, las de Henrietta, son ella misma, y abrieron una ruta con un destino fijo: el bien de la humanidad independientemente de los baches del camino.

Les voy a dar algunas pistas.

*Tal es la historia de Henrietta quese han escrito miles de artículos sobre ella en el mundo entero.

Entremos en materia. Como lo relata Irene Pérez-Schael en MiradorSalud, esta historia comienza con una mujer negra de 31 años, Henrietta, con cinco hijos, que muere en 1951 en el Johns Hopkins Hospital de Baltimore a causa de un agresivo adenocarcinoma cervical. Como es usual, tomaron una muestra del tumor para una biopsia que fue enviada a patología, de allí el diagnóstico, pero también parte de la muestra fue remitida al Laboratorio de Cultivo de Tejidos del hospital con fines de investigación. Y ahí comienza todo. Henrietta no fue informada ni su autorización solicitada para ello; aparte de eso, sus células resultaron un tesoro.

Resulta que las células cancerosas de Henrietta dieron origen a una revolución científica. Las células de su tejido, hoy conocidas como células HeLa, pudieron ser crecidas en cultivo celular y constituyeron la primera línea inmortal de células humanas que se dividía indefinidamente en un laboratorio. Hoy en día son utilizadas con múltiples fines científicos alrededor del mundo en el diagnóstico, investigación y tratamiento de muchas enfermedades. Pero hubo un problema: la falta de ética al omitir la información en aquel momento sobre la procedencia de las células. Esto ha conducido a justas querellas de la familia.

El Johns Hopkins era uno de los pocos hospitales que, para la época, procuraba asistencia sanitaria a personas negras, y hoy en día, si bien la honra en su página web: El legado de Henrietta Lacks y ha reconocido un lapsus en los estándares bioéticos, señala que en ese tiempo no existía “una práctica establecida para informar u obtener el consentimiento de los donantes de células o tejidos”:

Johns Hopkins celebra y participa regularmente en los esfuerzos para crear conciencia sobre la vida y la historia de Henrietta Lacks. Habiendo revisado nuestras interacciones con Henrietta Lacks y con la familia Lacks durante más de 50 años, descubrimos que Johns Hopkins podría haber hecho, y debería haber hecho, más, para informar y trabajar con los miembros de la familia de Henrietta Lacks por respeto a ellos, su privacidad y sus intereses personales. Aunque la recolección y el uso de células de Henrietta Lacks en la investigación era una práctica legal y aceptable en la década de 1950, tal práctica no ocurriría hoy sin el consentimiento del paciente. Estamos profundamente comprometidos con los esfuerzos en curso en nuestras instituciones y en otros lugares para honrar las contribuciones de Henrietta Lacks y garantizar la protección y el cuidado adecuados de la información médica de la familia Lacks.

Cultivar células humanas en un laboratorio, por ejemplo, en una placa de Petri, y que las mismas se puedan reproducir por largo tiempo*, fue siempre un anhelo para la ciencia ya que ello permite hacer experimentos imposibles de realizar en una persona viva. Recordemos que hablamos de células somáticas, aquellas que conforman los tejidos y órganos de un ser vivo pluricelular. No nos referimos a la línea germinal que son las células de los órganos sexuales que producen el esperma y los óvulos. Cualquier célula que no cumple la función de producir espermatozoides u óvulos es una célula somática, y no hace aportes en términos de herencia a través de la genética.

* La mitosis es la división celular propia de las células somáticas y mediante ella, a partir de una célula madre 2n cromosomas, se producen dos células hijas 2n cromosomas. 

Los intentos de los investigadores de cultivar células somáticas humanas en una placa de Petri siempre fracasaban hasta que el laboratorio de cultivo de tejidos del hospital de Baltimore se topó con las células cancerosas de Henrietta Lacks. Las células de su muestra tenían una propiedad notable, a diferencia de las células de otros tumores que morían rápidamente, las de Henrietta se podían cultivar perfectamente fuera de su cuerpo en el laboratorio, y también se dividían velozmente, duplicándose a diario. Estas células con adecuadas condiciones en el laboratorio pueden crecer indefinidamente fuera del cuerpo humano constituyendo una línea celular «inmortal».

De acuerdo a un fenómeno conocido como el límite de Hayflick, una célula no puede sobrevivir más que a un número limitado de divisiones (alrededor de unas 50). Cuando una célula alcanza este límite ha acumulado numerosas mutaciones, ha sufrido mucho estrés metabólico y sus telómeros se han acortado demasiado. La consecuencia no es otra sino la inducción de apoptosis o muerte celular. Sin embargo, esto no sucedió con las células de Henrietta y las células de su tumor superaron con facilidad el límite de Hayflick y continuaron dividiéndose.

Henrietta falleció hace 70 años, pero sus células continúan produciéndose en masa y se han distribuido y emplean en muchos laboratorios de todo el mundo. Las células de Henrietta Lacks han ayudado a salvar innumerables vidas, acercándonos a la eliminación del cáncer de cuello uterino. La parte oscura: Las células se produjeron industrialmente con fines lucrativos sin que su familia recibiese ningún reconocimiento. Más de 50.000.000 de toneladas métricas de células HeLa se han distribuido por todo el mundo siendo objeto de más de 75000 estudios biomédicos.

Una vez fallecida, Henrietta sigue ayudando a la humanidad. Los estudios con sus células han dado lugar a avances científicos descomunales como la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), la vacuna contra la poliomielitis, pues Jonas Salk las usó para probar diferentes cepas del virus y pudo aislar la que causa la poliomielitis en humanos y la fabricación en poco tiempo de la vacuna. De la misma manera se han utilizado para estudiar los efectos de toxinas, medicamentos, hormonas y virus en el crecimiento de células cancerosas sin experimentar en humanos, para estudiar el genoma humano y la medicina de precisión, para probar fármacos contra la infección por el VIH/sida, la hemofilia, la leucemia y la enfermedad de Parkinson; han permitido avances en materia de salud reproductiva, incluida la fecundación in vitro; realizar investigaciones sobre las afecciones cromosómicas, el cáncer, y llevar a cabo estudios para responder a la pandemia del COVID-19 a través de investigación fundamental acerca del virus SARS-CoV-2.

Finalizo citando al Dr. Groesbeck Parham, experto clínico en la iniciativa de la OMS para la eliminación del cáncer del cuello uterino como problema de salud pública, y copresidente del grupo consultivo de expertos del director general:

La lucha por la eliminación del cáncer del cuello uterino forma parte de la lucha más amplia por los derechos humanos. A través de sus células inmortales, la señora Henrietta Lacks nos habla y llama nuestra atención sobre los millones de mujeres jóvenes y madres de los países de ingresos bajos que siguen muriendo de cáncer del cuello uterino porque no pueden acceder ni permitirse adquirir los medicamentos, tecnologías y procedimientos médicos que salvan vidas y que están fácilmente disponibles en los países de ingresos altos. Las preguntas que plantea el espíritu y el legado de la señora Henrietta Lacks son: ‘por qué existe esta situación’, ‘cuáles son las soluciones’ y ‘cuándo se van a aplicar.’

Al rendir homenaje a Henrietta Lacks, la OMS destaca la importancia de reconocer las injusticias científicas del pasado y de promover la equidad racialen la salud y la ciencia.

No puedo sino recordar a mi padre, José León Tapia, y su lucha contra el cáncer de cuello uterino en el Hospital Luis Razetti de Barinas donde atendía a tantas pacientes sin recursos.

“A pesar de que el Dr. H. Doehener, patólogo del Hospital Central de Barquisimeto, nos hacía todo el trabajo desinteresadamente luego de que convencimos a un humilde chofer de taxi de la importancia de su misión en beneficio de muchas vidas, y semanalmente nos llevaba las muestras para biopsia, sin costo alguno, era, sin duda, algo poco práctico y lleno de dificultades. La campaña de despistaje de cáncer lograda y realizada con el nuevo servicio de Anatomía Patológica en Barinas, y la simple preparación de un citotécnólogo por cuenta del estado, nos permitió salvar muchas vidas de la población más indigente durante un período de por lo menos 24 meses. Así llegó a Barinas desde Essen, Alemania, un gran anatomopatólogo, el Dr. Eberhard Sauerteig. La experiencia se presentó en congresos científicos nacionales y en publicaciones, como “Carcinoma de cuello uterino en Barinas” (José León Tapia Contreras y Miguel Oscar Carrillo, 1969), e “Incidencia del cáncer de cuello uterino en Barinas y Guanare” (Flor Pardes de Bont, Lila Jiménez Leal, y Eberhard Sauerteig, 1970) …”.

José León Tapia Contreras y José León Tapia González.

“La medicina barinesa. Su evolución en el tiempo”. Centauro Ediciones, Caracas, 2002.

Gonzalo Barrios Lugo.

“José León Tapia: Médico, escritor y político. A dos años de su desaparición”.

Revista de la Sociedad Venezolana de la Historia de la Medicina. Volumen 59, No. 1-2, Año 2010. Disponible en: https://revista.svhm.org.ve/ediciones/2010/1-2/art-6/

Quizás mi papá, Miguel Oscar Carrillo y Eberhard Sauerteig ya se encontraron con Henrietta Lacks en algún lugar que no es de este convulsionado mundo. Seguro que discutieron su caso. Mientras tanto, aquí en la tierra, Henrietta y sus células inmortales continúan haciendo portentos, y nosotros, los barineses, recordando y agradeciéndole a ellos y al resto de los pioneros de la medicina moderna en Barinas, algunos de los cuales aún permanecen con nosotros.

María Soledad Tapia

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